
Que en este blog somos arbitrarios, mal-llevados, obsecuentes y obcecados no es novedad. Que publicamos post innecesarios, baladíes, caprichosos, tampoco. Por eso, a nadie debería extrañar que escriba lo que sigue, Y más, teniendo en cuenta que es una respuesta a un comentario.
Al publicar el cuento de Eduardo Wilde, por un lado Nilda, habló de la “complicadez” del autor, y su pertenencia a la “Generación del 80”. Por otro, con su estilo provocador, el amigo Ayj planteó cierto conflicto de polleras en el que Eduardo se había visto enredado (que si recordamos, las polleras en el siglo XIX eran largas, pesadas, de varias capas, flor de enredo!)
He estado pensando en ambos temas, y traté de armar algo tomándolos en forma conjunta, pero se hizo un escrito tan largo y arrevesado que decidí desdoblarlo. Este primero, el chusmerío barato que tanto nos gusta. En unos días, abordaré la situación de Wilde (el de por acá)
Ahora, vamos a lo que importa: en 1885, Eduardo Wilde tenía 41 años, era un prestigioso médico e intelectual viudo, a cargo del Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción Pública. Julio Argentino Roca era Presidente, y también padrino de bodas de don Eduardo con la pequeña Guillermina de Oliveira Cézar .de apenas 15 años
Los testigos fueron sus compañeros de gabinete, Bernardo de Irigoyen, Victorino de la Plaza, el general Victorica y Carlos Pellegrini (Já, chupate esa mandarina! y pensar que hay gente que se asusta porque el tío Ramón, que tiene un campito, sale de padrino y paga el ágape y carnea un ternero!)
La niña Guillermina venía de una familia de lo más VIP; salió del colegio americano de miss Conway, para casarse. La tal Miss Conway era una de las profesoras traídas por Sarmiento, y en su colegio se impartía una educación práctica y progresista, pero conservando siempre la influencia católica (por Dios, mirá!). Desde las aulas conwayanas we trataba de combatir la pasividad en las mujeres, alentando a sus discípulas a desarrollar su propia personalidad, convenciéndolas así que algún día serían las colaboradoras de sus compañeros de vida, preparándolas para las luchas del porvenir.
Así que la niña venía con algunas armas bajo el brazo. Una vez instalada, su esposo convirtió a su casa en el centro donde, a toda hora, y principalmente en el almuerzo, se reunía cuanto hombre de importancia política, literaria y periodística tenía entonces nuestro país, Y a ella misma en una especie de objeto de adoración. "Contaban los amigos -relata Félix Luna- que Wilde tenía una extraña costumbre: mostrar a su mujer durmiendo. Tan bella le parecía, que a veces invitaba a sus contertulios a suspender las tenidas nocturnas de cigarro y baraja para subir a contemplar el sueño de su esposa" .(Al leer esta “costumbre”, me vino a la cabeza el post del amigo Raztez,
sobre el síndrome de la bella durmiente, pero seguramente son asociaciones tiradas de los pelos….)
Guillermina y Eduardo no tuvieron hijos y hasta 1893 dedicaron su vida a las tertulias, a las relaciones políticas y a viajar... La relación con Julio Argentino casi ni existía, a pesar de haber sido, recordemos, el padrino de casamiento. Pero en 1893, la pequeña, menuda y rozagante adolescente que desvelaba a don Wilde, se había convertido en una florrrrrrrrr de mujer, muy bella, sensual, atrevida e independiente (miss Conway logró su objetivo!) Y el viejo Roca, zorro como pocos, no ignoró el cambio…Con 50 pirulos y viudo, se cansó de contar indios muertos y sucumbió ante la bella mujeraza (después veremos, que era un sucumbidor a repetición, pero más abajo, che!) Atracción fatal que explotó con el vértigo propio de un hombre decidido y una mujer ardiente que no ponía límites. (esta hermosa frase es copiada textual, a mí no me da pa tanta novela)
En 1898, Roca asume su segunda presidencia y todo Buenos Aires chusmetea por las esquinas sobre el romance. Las publicaciones como El Mosquito y "Caras y caretas", satirizaban hasta extremos hirientes la figura del pobre Wilde.El regimiento de Coraceros, que estaba a cargo de la escolta presidencial y era conducido por un hermano de Guillermina, fue bautizado "los guillerminos" , como burla al poder que estaba ejerciendo la infiel.
Era un escándalo, y don Eduardo bajaba la vista y se hacía el dolobu, y asistía cabizbajo a cumplir sus funciones como director del Departamento Nacional de Higiene, dejando la casa lista para el romance.Pero el viejo Roca, pensó que tanta alharaca podía venírsele en contra, podía afectar su autoridad y dañar la reputación de la Guille, por lo tanto decidió hacer una vuelta de minué, y le dio a la pareja infeliz una misión diplomática en Washington, primero, y Bruselas después.
La Señora Wilde dicen que tuvo una actuación brillante en Holanda y Bélgica, , y en España fué la inspiradora del viaje de la Infanta Isabel a la República Argentina, para los festejos del Centenario y en su casa hizo por primera vez el rey Alfonso XIII, la promesa de convertir en embajada la legación de España en nuestra tierra. Además, la Guille organizaba obras benéficas, recibiendo pedidos innumerables, y tenía a dos personas dedicadas exclusivamente a comprobar las necesidades de les postulantes para socorrerlos según la importancia del caso. Fue presidenta de la Cruz Roja Argentina, y un montón de cosas más, como corresponde a una dama, qué joder!
Ahora, decía que Julio Argentino, además de cazar indios, en ratos de ocio enlazaba damas. Guillermina no fue la única. Na que ver
El primer registro de amoríos es en Tucumán, su ciudad natal. A los 20, se ennovió con Ignacia Robles, a escondidas Ante la intolerancia familiar, raptó a Ignacia durante una semana, generando un escándalo mayúsculo. Pero los padres de la chica prefirieron el silencio, y a los nueve meses fueron los felices abuelos de Carmen. El ya general dudó mucho en reconocerla, pero cumplió con el deber paterno de ayudarla durante toda su vida.
Más tarde se casó con Clara Funes, hija de una adinerada familia cordobesa, madre de su hijo Julio Argentino , “Desde que me casé, y especialmente cuando fui presidente, traté de reducir estas aventuras, pero me resultó imposible evitarlas totalmente –entre otros casos, esto fue lo que me ocurrió con mi comprovinciana Lola Mora-. Me sentí atraído por su personalidad rebelde, inconvencional, luchadora...” , El romance con la escultora puso de los pelos a la pobre Clara , siempre incómoda por las reiteradas infidelidades de su famoso marido
Al quedar viudo (viste lo que hace la malasangre?) se enganchó con Guillermina y ante el escandalote que comentaba antes, la fletó con su legítimo en viaje de negocios....diplomático. Todo era paz hasta que la Guille tuvo que regresar por la muerte de su padre, dejando a Wilde de seña en Europa.. No sabemos si hubo approach en este reencuentro, sólo quedan registros de la ansiedad del Zorro ante la noticia de la llegada de la señora Wilde.
La estadía se prolongó durante un mes y, según parece, sólo tuvieron algún intercambio epistolar. Roca y los Wilde se reencontrarían en noviembre de 1906, cuando el expresidente se alojó en su casa de Bruselas, en otra demostración de su inescrupulosidad.
Ahora, durante ese mismo viaje, Julio se prendó de una bella y joven dama que se alojaba en su mismo hotel, en Niza. Usó el viejo truco de mandarle flores, a cautivarla con sus adulaciones. La convenció de que viajaran juntos a Buenos Aires, pero tomando la precaución de que los camarotes estuvieran a cierta distancia, como para no provocar comentarios innecesarios La joven . Hellene Gorgan era de origen rumano y el viaje entre Francia y Río de Janeiro, la pasó compartiendo camarote, en una relación lo suficientemente intensa como para que el ex presidente se convenciera que habría otra oportunidad en su vida sentimental. Hizo todos los trámites necesarios para que Hellene la pasara bomba en Buenos Aires, le consiguió un hotel de lujo, intérprete (no hablaba pepa de castellano) y fueron felices y comieron ñanduces….Y a la Guille, si te he visto no me acuerdo.
Bueno, ahora los dejo porque me tengo que poner los bigudíes y preparar la carbonada para la cena
El dibujo que ilustra el post es el único que encontré de El Mosquito, parodiando la participación de don Eduardo en su cruzada contra la fiebre amarilla desde el ministerio