lunes, 11 de mayo de 2009

Mudanzas

Empieza a acomodar libros en cajas. Recuerda la última vez que hizo lo mismo, pero no es igual.
Mira el conjunto, no son tantos. Son muchos menos que antes, y casi todos nuevos. Ocho cajones de madera, con un precioso interior perdidos, son una baja importante en cualquier biblioteca. Más aún cuando hilvanaban la propia historia, los crecimientos, descubrimientos, ensoñaciones…Pero fue un precio que estuvo dispuesta a pagar. Igual que los muebles, la vajilla de la abuela, hecha añicos por desidia (¿maldad?) ajena, cuando se terminaba el juego de la casita.
Recuerda también los primeros días en esta casa. Los silencios ensordecedores, la soledad demasiado ruidosa, impregnada de ecos de discusiones, tristezas, demasiadas tristezas. Nunca fue la casa soñada, no hubo elección, pues no había otras opciones. Algunos meses de hotel, a los que saltó de la mano de los chicos como a un bote salvavidas, la convertían en un pequeño y maltrecho paraíso. Con el tiempo se fue completando con nuevos sonidos, nuevas músicas, y colores.
Ahí recuperó parte de sí: lecturas despreocupadas, sonrisas espontáneas, olores y sabores olvidados por años,…por qué y cuándo dejó de comer arroz? Reinventó la receta de rissotto que le pasó la abuela, una tarde en la cocina, las dos solas como en secreto aquelarre, poco antes de morir. Volvió a plantar gajitos robados en distintos jardines, se empezó a acostar cuando tenía ganas recuperando la noche para sí, se desacostumbró de las listas de mercado y del tiempo perdido en compras planificadas, dejó de planchar las tardes de domingo, ritual suicida, reemplazándolo por libros, películas o café compartido con afectos.
Treinta meses han pasado. Pero ahora, nuevamente, siente que tiene que dar otro paso. No se siente cómoda. No se siente bien con ella misma. Vuelve a tener angustias, a veces sin motivo. Entonces decide que es momento de volver a cambiar. Elegir dónde y cómo vivir. Traspasar las transiciones. Iniciar el divorcio, por ejemplo, que aunque trámite innecesario y estúpido, la mantiene en un estado gris, difuso. Nunca le interesaron las categorías definidas, siempre se manejó en las transiciones, pero ahora siente que es vital definirse. Terminar esa puta tesis es otra decisión. Escribir todo lo atrasado, lo prometido, lo pensado
Cambiar, mudarse de barrio, mudarse de casa es un comienzo. Tal vez quisiera mudar también de piel, y despojarse de esa tímida y breve tibieza, que de vez en cuando, y a pesar de negada, amenaza con volver a quemar por ausencia, pero no hay agentes inmobiliarios para eso. Así que, comienza a armar cajas, seleccionar ropas y recuerdos, con tiempo, planificadamente; elegir el lugar, tranquila, con el acuerdo de los dos , con la ayuda de los dos, esos dos que la abrazan cuando les propone la mudanza. Ellos también merecen otra cosa. Ellos, testigos de tristezas, hacedores de alegrías (y varios enojos) también se cansaron de la transición, de acostumbrarse a lo molesto, a lo mal hecho, a lo incompleto.
Entonces, siente que está lista para saltar. Para ser más ella. Para reconocerse. Para terminar de encontrarse.

7 comentarios:

Cine Braille dijo...

Mucha merde, 'ña Laura.

Laura dijo...

Cha gracia, don Cine, dendeveras. Ya vendrán las inauguraciones, como corresponde!

Gra dijo...

No suena nada mal, pese a lo difícil, no? Que sea con salú, como decía mi abuelita.

rene orlando dijo...

Una vez me mudé y ahí terminé la tesis. Después me volví a mudar y acá estoy, pensando en escribir todo lo pensado, digo, lo atrasado. Suerte con el salto!

Laura dijo...

Gra; lo que importa, sin duda, es la salú. Salú! chin, chin
René: Bien con el ejemplo. Trataré de seguirlo.Debo confesarle que me asustó, cuando puso que estaba pensando en escribir todo lo pensado, me dije: Zas! este se abrió un blo! pero no, falsa alarma.
A todos. la verdad, es que ahora que me leo, me da un poco de cosita, me siento medio maricona (lease esto último con la mejor de las lecturas, en un lenguaje coloquial y de amigos sin prejuicios) porque he dado saltos muchísimo más altos, y no pasa nada. Simplemente, que como venía con la inercia de quedarme un par de años más, bancarme un tiempo todos las molestias de este lugar, el decidir que no, que me podía ir tranquilamente me hizo un clic, que me impulsó a definir otras cosas que venían en la misma inercia. Eso. y me agarró la melanco. Pero yastá.
Gracias a la muchachada!

El Canilla dijo...

Vamo´arriba ,vo !
la tesis , el cierre y el comienzo .
Abrazos .

Laura dijo...

Está la voluntad, y hasta donde dé el cuero!
Un abrazo, Canilla