jueves, 28 de enero de 2010

"Soy un paranoico al revés. Siempre sospecho que la gente está planeando algo para hacerme feliz."

Murió J.D (que no era Juan Domingo, eh?). Sospecho que planeaba escribir para hacerme feliz.... Y qué? No puedo sentirme ombligo a veces?
Una tristeza.
Este cuento me encanta. (es largo para leer en pantalla, queselevacer)

Un día perfecto para el pez banana

J.D. Salinger

En el hotel había noventa y siete publicitarios neoyorquinos, y monopolizaban las líneas telefónicas de larga distancia de tal manera que la chica del 507 tuvo que esperar su llamada desde el mediodía hasta las dos y media de la tarde. Pero no perdió el tiempo. En una revista femenina de bolsillo leyó una nota titulada El sexo es divertido... o infernal. Lavó su peine y su cepillo. Quitó una mancha de la falda de su traje beige. Corrió un poco el botón de la blusa de Saks. Se arrancó los dos pelos que acababan de salirle en el lunar. Cuando, por fin, la operadora la llamó, estaba sentada al lado de la ventana y casi había terminado de pintarse las uñas de la mano izquierda.
Era una chica a la que una llamada telefónica no le hacía gran efecto. Daba la impresión de que el teléfono hubiera estado sonando constantemente desde que ella alcanzó la pubertad.
Mientras el teléfono llamaba, con el pincelito del esmalte se repasó la uña del dedo meñique, acentuando el borde de la luna. Tapó el frasco y, poniéndose de pie, abanicó en el aire su mano pintada, la izquierda. Con la mano seca, tomó del asiento junto a la ventana un cenicero repleto y lo llevó hasta la mesita de luz, donde estaba el teléfono. Se sentó en una de las dos camas gemelas ya tendida y -ya era la cuarta o quinta llamada- levantó el tubo del teléfono.
-Hola -dijo, manteniendo extendidos los dedos de la mano izquierda lejos de la bata de seda blanca, que era lo único que tenía puesto, salvo las chinelas: los anillos estaban en el cuarto de baño.
-Su llamada a Nueva York, señora Glass -dijo la operadora.
-Gracias -contestó la chica, e hizo lugar en la mesita de luz para el cenicero.
A través del auricular llegó una voz de mujer:
-¿Muriel? ¿Eres tú?
La chica alejó un poco el auricular del oído.
-Sí, mamá. ¿Cómo estás? -dijo.
-He estado preocupadísima por ti. ¿Por qué no llamaste? ¿Estás bien?
-Traté de telefonear anoche y anteanoche. Los teléfonos acá han...
-¿Estás bien, Muriel?
La chica aumentó un poco más el ángulo entre el auricular y su oreja.
-Estoy perfectamente. Con calor. Este es el día más caluroso que ha habido en la Florida desde...
-¿Por qué no llamaste? Estuve tan preocupada...
-Mamá, querida, no me grites. Puedo oírte perfectamente -dijo la chica-. Anoche te llamé dos veces. Una vez justo después...
-Le dije a tu padre que seguramente llamarías anoche. Pero no, él tenía que... ¿Estás bien, Muriel? Dime la verdad.
-Estoy perfectamente. Por favor, no me preguntes siempre lo mismo.
-¿Cuándo llegaron?
-No sé... el miércoles, a la madrugada.
-¿Quién manejó?
-El -dijo la chica-. Y no te asustes. Condujo bien. Yo misma estaba asombrada.
-¿Manejó él? Muriel, me diste tu palabra de que...
-Mamá -interrumpió la chica-, acabo de decírtelo. Condujo perfectamente. No pasamos de ochenta en todo el camino, ésa es la verdad.
-¿No trató de hacerse el tonto otra vez con los árboles?
-Vuelvo a repetirte que manejó muy bien, mamá. Vamos, por favor. Le pedí que se mantuviera cerca de la línea blanca del centro, y todo lo demás, y entendió perfectamente, y lo hizo. Hasta se esforzaba por no mirar los árboles... podía notarse. Entre paréntesis, ¿papá hizo arreglar el auto?
-Todavía no. Piden cuatrocientos dólares, sólo para...
-Mamá, Seymour le dijo a papá que pagaría él. No hay motivo, entonces...
-Bueno, ya veremos. ¿Cómo se portó? Digo, en el auto y demás...
-Muy bien -dijo la chica.
-¿Siguió llamándote con ese horroroso...?
-No. Ahora tiene uno nuevo.
-¿Cuál?
-Mamá... ¡qué importancia tiene!
-Muriel, insisto en saberlo. Tu padre...
-Está bien, está bien. Me llama Miss Buscona Espiritual 1948 -dijo la chica, con una risita.
-No tiene nada de gracioso, Muriel. Nada de gracioso. Es horrible. Realmente, es triste. Cuando pienso cómo...
-Mamá -interrumpió la chica-, escúchame. ¿Te acuerdas de aquel libro que me mandó de Alemania? Acuérdate... esos poemas en alemán. ¿Qué hice con él? Me he estado rompiendo la cabeza...
-Tú lo tienes.
-¿Estás segura? -dijo la chica.
-Por supuesto. Es decir, lo tengo yo. Está en el cuarto de Freddy. Lo dejaste aquí y no había lugar en la... ¿Por qué? ¿El te lo pidió?
-No. Simplemente me preguntó por él, cuando veníamos en el auto. Me preguntó si lo había leído. -¡Pero está en alemán!
-Sí, querida. Ese detalle no tiene importancia -dijo la chica, cruzando las piernas-. Dijo que casualmente los poemas habían sido escritos por el único gran poeta de este siglo. Me dijo que debería haber comprado una traducción o algo así. O aprendido el idioma... nada menos...
-Espantoso. Espantoso. En verdad es triste. Anoche dijo tu padre.
.. -Un segundito, mamá -dijo la chica. Cruzó hasta el asiento junto a la ventana en busca de sus cigarrillos, encendió uno y volvió a sentarse en la cama-. ¿Mamá? -dijo, exhalando el humo.
-Muriel... mira, escúchame.
-Te estoy escuchando.
-Tu padre habló con el doctor Sivetski.
-¿Ajá? -dijo la chica.
-Le contó todo. Por lo menos, así me dijo... ya sabes cómo es tu padre. Los árboles. Ese asunto de la ventana. Las cosas horribles que le dijo a la abuela acerca de sus proyectos sobre la muerte. Lo que hizo con esas fotos tan hermosas de las Bermudas... todo.
-¿Y entonces...? -dijo la chica.
-En primer lugar, dijo que era un verdadero crimen que el ejército lo hubiera dado de alta en el hospital. Palabra. En definitiva, dijo a tu padre que hay una posibilidad... una posibilidad muy grande, dijo, de que Seymour pierda por completo la cabeza. Te lo juro.
-Aquí en el hotel hay un psiquiatra -dijo la chica.
-¿Quién? ¿Cómo se llama?
-No sé. Rieser o algo así. Dicen que es muy bueno.
-Nunca lo oí nombrar.
-De todos modos dicen que es muy bueno.
-Muriel, por favor, no seas inconsciente. Estamos muy preocupados por ti. Lo cierto es que... anoche tu padre estuvo a punto de cablegrafiarte que volvieras inmediatamente a casa...
-Por ahora no pienso volver, mamá. Así que tómalo con calma...
-Muriel... palabra... El doctor Sivetski dijo que Seymour podía perder por completo la...
-Mamá, acabo de llegar. Hace años que no me tomo vacaciones, y no pienso meter todo en la valija y volver a casa porque sí -dijo la chica-. De cualquier modo, ahora no podría viajar. Estoy tan quemada por el sol que ni me puedo mover.
-¿Te quemaste mucho? ¿No usaste ese bronceador que te puse en la valija? Está...
-Lo usé. Me quemé lo mismo.
-¡Qué horror! ¿Dónde te quemaste?
-Me quemé toda, mamá, toda.
-¡Qué horror!
-No me voy a morir.
-Dime, ¿le hablaste a ese psiquiatra? -Bueno... sí... más o menos... -dijo la chica.
-¿Qué dijo? ¿Dónde estaba Seymour cuando le hablaste?
-En la Sala Océano, tocando el piano. Tocó el piano las dos noches que hemos pasado aquí. -Bueno, ¿qué dijo?
-¡Oh, no mucho! El fue el primero en hablar. Yo estaba sentada anoche a su lado, jugando al Bingo, y me preguntó si el que tocaba el piano en la otra sala era mi marido. Le dije que sí, y me preguntó si Seymour no había estado enfermo o algo por el estilo. Entonces yo le dije...
-¿Por qué te hizo esa pregunta?
-No sé, mamá. Tal vez porque lo vio tan pálido, y qué sé yo -dijo la chica-. La cuestión es que después de jugar al Bingo, él y su mujer me invitaron a tomar una copa. Y yo acepté. La mujer es espantosa. ¿Te acuerdas de aquel vestido de noche tan horrible que vimos en la vidriera de Bonwit? Que tú dijiste que había que tener un chico, chiquísimo...
-¿El verde?
-Lo tenía puesto. Con esas caderas. Se la pasó preguntándome si Seymour estaba emparentado con esa Suzanne Glass que tiene una tienda en la avenida Madison... la mercería...
-¿Pero él qué dijo? El médico.
-¡Ah! sí... Bueno... en realidad, mucho no dijo. Sabes, estábamos en el bar. Había un bochinche terrible. -Sí, pero... ¿le... le dijiste lo que trató de hacer con el sillón de la abuela?
-No, mamá. No abundé en detalles -dijo la chica-. Seguramente podré hablarle de nuevo. Se pasa todo el día en el bar.
-¿No dijo si había alguna posibilidad de que pudiera ponerse... tú sabes, raro, o algo así...? ¿De que pudiera hacerte algo...?
-En realidad, no -dijo la chica-. Necesita conocer más detalles, mamá. Tienen que saber todo sobre la infancia de uno... todas esas cosas. Ya te digo, el ruido era tal que apenas podíamos hablar.
-En fin. ¿Y tu abrigo azul?
-Bien. Le aliviané un poco el forro.
-¿Cómo es la ropa este año?
-Terrible. Pero encantadora. Por todos lados se ven lentejuelas -dijo la chica.
-¿Y tu habitación?
-Está bien. Pero nada más que eso. No pudimos conseguir la habitación que nos daban antes de la guerra -dijo la chica-. Este año la gente es un espanto. Tendrías que ver a los que se sientan al lado nuestro en el comedor. Parece que hubieran venido en un camión.
-Bueno, en todas partes es igual. ¿Y tu vestido tipo bailarina?
-Demasiado largo. Te dije que era demasiado largo.
-Muriel, te lo voy a preguntar una vez más... ¿En serio estás bien?
-Sí, mamá -dijo la chica-. Por enésima vez.
-¿Y no quieres volver a casa?
-No, mamá.
-Tu padre dijo anoche que estaría encantado de hacerse cargo si quisieras irte sola a algún lado y pensarlo bien. Podrías hacer un hermoso crucero. Los dos pensamos...
-No, gracias -dijo la chica, y descruzó las piernas-. Mamá, esta llamada va a costar una flor...
-Cuando pienso cómo estuvieste esperándolo a ese muchacho durante toda la guerra... quiero decir, cuando una piensa en esas esposas tan locas que...
-Mamá -dijo la chica-. Colguemos. Seymour puede llegar en cualquier momento.
-¿Dónde está?
-En la playa.
-¿En la playa? ¿Solo? ¿Se porta bien en la playa?
-Mamá -dijo la chica-. Hablas de él como si fuera un loco furioso.
-No dije nada de eso, Muriel.
-Bueno, ésa es la impresión que das. Mira, todo lo que hace es estar tendido en la arena. Ni siquiera se quita la salida de baño.
-¿No se quita la salida de baño?¿Por qué no?
-No lo sé. Tal vez porque tiene la piel tan blanca.
-Dios mío, necesita tomar sol. ¿Por qué no lo obligas?
-Lo conoces muy bien -dijo la chica, y volvió a cruzarse de piernas-. Dice que no quiere tener un montón de imbéciles alrededor mirándole el tatuaje.
-¡Si no tiene ningún tatuaje! ¿O acaso se hizo tatuar cuando estaba en la guerra?
-No, mamá. No, querida -dijo la chica, y se puso de pie-. Escúchame, a lo mejor te llamo otra vez mañana.
-Muriel. Hazme caso.
-Sí, mamá -dijo la chica, cargando su peso sobre la pierna derecha.
-Llámame en el mismo momento en que haga, o diga, algo raro..., tú me entiendes. ¿Me oyes?
-Mamá, no le tengo miedo a Seymour.
-Muriel, quiero que me lo prometas.
-Bueno, te lo prometo. Adiós, mamá -dijo la chica-. Cariños a papá -colgó.
-Ver más vidrio (*) -dijo Sybil Carpenter, que estaba alojada en el hotel con su mamá-. ¿Viste más vidrio?
-Gatita, por favor, no sigas repitiendo eso. La vas a enloquecer a mamita. Quédate quieta, por favor.
La señora Carpenter untaba la espalda de Sybil con bronceador, repartiéndolo sobre sus omóplatos, delicados como alas. Sybil estaba precariamente sentada en una enorme y tensa pelota de playa, mirando el océano. Usaba un traje de baño de color amarillo canario, de dos piezas, una de las cuales no necesitaría realmente por nueve o diez años más.
-En verdad no era más que un pañuelo de seda común... una podía darse cuenta cuando se acercaba a mirarlo -dijo la mujer sentada en la reposera contigua a la de la señora Carpenter-. Ojalá supiera cómo lo anudó. Era una preciosura.
-Por lo que usted me dice, parece precioso -asintió la señora Carpenter.
-Quédate quieta, Sybil, gatita...
-¿Viste más vidrio? -dijo Sybil.
La señora Carpenter suspiró.
-Muy bien -dijo. Tapó el frasco de bronceador-. Ahora vete a jugar, gatita. Mamita va a ir al hotel a tomar un copetín con la señora Hubbel. Te traeré la aceituna.
Cuando quedó en libertad, Sybil corrió de inmediato hacia la parte asentada de la playa y echó a andar hacia el Pabellón de los Pescadores. Se detuvo únicamente para hundir un pie en un castillo inundado y derruido, y enseguida dejó atrás la zona reservada a los clientes del hotel.
Caminó cerca de medio kilómetro y de pronto echó a correr oblicuamente, alejándose del agua hacia las arenas flojas. Se detuvo al llegar al sitio en que un hombre joven estaba echado de espaldas.
-¿Vas a ir al agua, ver más vidrio? -dijo.
El joven se sobresaltó, y se llevó la mano derecha, instintivamente, a las solapas de su salida de baño. Se volvió boca abajo, dejando caer una toalla enrollada como una salchicha que tenía sobre los ojos, y miró de reojo a Sybil.
-¡Ah!, hola Sybil.
-¿Vas a ir al agua?
-Te estaba esperando -dijo el joven-. ¿Qué hay de nuevo?
-¿Qué? -dijo Sybil.
-¿Qué hay de nuevo? ¿Qué programa tenemos?
-Mi papá llega mañana en avión -dijo Sybil, pateando la arena.
-No me tires arena a la cara, nena -dijo el joven, tomando con una mano el tobillo de Sybil-. Bueno, era hora de que tu papi llegara. Lo he estado esperando cada minuto. Cada minuto.
-¿Dónde está la señora?
-¿La señora? -el joven hizo un movimiento, sacudiéndose la arena del pelo ralo-. Difícil saberlo, Sybil. Puede estar en miles de lugares. En la peluquería. Haciéndose teñir el pelo de color visón. O haciendo muñecos para los chicos pobres en su habitación.
Poniéndose boca abajo cerró los dos puños, apoyó uno encima del otro y acomodó el mentón sobre el de arriba.
-Pregúntame algo más, Sybil -dijo-. Tienes un traje de baño muy lindo. Si hay algo que me gusta, es un traje de baño azul.
Sybil lo miró fijo, y después contempló su barriga sobresaliente.
-Este es amarillo -dijo-. Es amarillo.
-¿En serio? Acércate un poco más.
Sybil dio un paso adelante.
-Tienes toda la razón del mundo. Qué tonto soy.
-¿Vas a ir al agua? -dijo Sybil.
-Lo estoy considerando seriamente, Sybil. Lo estoy pensando muy en serio, si quieres saberlo. Sybil hundió los dedos en el flotador de goma que el joven usaba a veces como almohadón. -Necesita aire -dijo.
-Es verdad. Necesita más aire de lo que estoy dispuesto a reconocer -retiró los puños y dejó que el mentón descansara en la arena-. Sybil -dijo-, estás muy linda. Es un gusto verte. Cuéntame algo de ti -estiró los brazos hacia adelante y tomó en sus manos los dos tobillos de Sybil-. Yo soy capricorniano.
¿Cuál es tu signo?
-Sharon Lipschutz dijo que la dejaste sentarse a tu lado en el taburete del piano -dijo Sybil.
-¿Sharon Lipschutz dijo eso?
Sybil asintió enérgicamente.
Le soltó los tobillos, encogió los brazos y recostó el costado de la cara en el antebrazo derecho.
-Bueno -dijo-. Tú sabes cómo son estas cosas, Sybil. Yo estaba sentado ahí, tocando. Y tú te habías perdido de vista totalmente y vino Sharon Lipschutz y se sentó a mi lado. No podía sacarla de un empujón, ¿no es cierto?
-Sí que podías.
-!Ah!, no. No era posible -dijo el joven-. Pero, ¿sabes lo que hice, en cambio?
-¿Qué?
-Hice de cuenta que eras tú.
Sybil inmediatamente bajó la cabeza y empezó a cavar en la arena.
-Vamos al agua -dijo.
-Bueno -replicó el joven-. Creo que puedo arreglarme para hacerlo.
-La próxima vez, sácala de un empujón -dijo Sybil.
-¿Que saque a quién?
-A Sharon Lipschutz.
-¡Ah!, Sharon Lipschutz -dijo él-. ¡Cómo aparece siempre ese nombre! Mezcla de recuerdos y deseos -repentinamente se puso de pie y miró el mar-. Sybil -dijo-, ya sé lo que podemos hacer. Vamos a tratar de pescar un pez banana.
-¿Un qué?
-Un pez banana -dijo, y desanudó el cinto de su salida de baño.
Se la quitó. Tenía los hombros blancos y angostos y el pantalón de baño era azul eléctrico. Plegó la salida, primero a lo largo, después en tres dobleces. Desenrolló la toalla que había puesto sobre los ojos, la tendió sobre la arena y puso encima la salida plegada. Se agachó, recogió el flotador y lo sujetó bajo su brazo derecho. Luego, con la mano izquierda tomó la de Sybil.
Los dos echaron a andar hacia el mar.
-Me imagino que ya habrás visto unos cuantos peces banana -dijo el joven. . -¿En serio que no? Pero, ¿dónde vives, entonces?
-No sé -dijo Sybil.
-Claro que sabes. Tienes que saber. Sharon Lipschutz sabe donde vive, y no tiene más que tres años y medio.
Sybil se detuvo y de un tirón arrancó su mano de la de él. Recogió una conchilla común y la observó con estudiado interés. Luego la tiró.
-Whirly Wood, Connecticut -dijo, y echó nuevamente a andar, con la barriga hacia adelante. -Whirly Wood, Connecticut -dijo el joven-. ¿Eso, por casualidad, no está cerca de Whirly Wood, Connecticut? Sybil lo miró:
-Ahí es donde vivo -dijo con impaciencia-. Vivo en Whirly Wood, Connecticut.
Se adelantó unos pasos, tomó el pie izquierdo con la mano izquierda y dio dos o tres saltos.
-No te imaginas cómo eso aclara todo -dijo él.
Sybil soltó su pie: -¿Has leído El negrito sambo? -dijo.
-Es gracioso que me preguntes eso -dijo él-. Da la casualidad que acabé de leerlo anoche -se inclinó y volvió a tomar la mano de Sybil-. ¿Qué te pareció? -le preguntó.
-¿Los tigres corrían todos alrededor de ese árbol?
-Creí que nunca iban a parar. Jamás vi tantos tigres.
-No eran más que seis -dijo Sybil.
-¡Nada más que seis! -dijo el joven-. ¿Y dices nada más?
-¿Te gusta la cera? -preguntó Sybil.
-¿Si me gusta qué? -dijo el joven.
-La cera.
-Mucho. ¿A ti no?
Sybil asintió con la cabeza. -¿Te gustan las aceitunas? -preguntó.
-¿Las aceitunas?... Sí. Las aceitunas y la cera. Nunca voy a ningún lado sin ellas.
-¿Te gusta Sharon Lipschutz? -preguntó Sybil.
-Sí. Sí, me gusta. Lo que me gusta más que nada de ella es que nunca le hace cosas feas a los perritos en la sala del hotel. Por ejemplo a ese bulldog enano de la señora canadiense. Te resultará difícil creerlo, pero hay algunas nenas que se divierten mucho molestándolo con los palitos de los globos. Pero Sharon, jamás. Nunca es mala ni grosera. Por eso la quiero tanto.
Sybil no dijo nada.
-Me gusta masticar velas -dijo ella por último.
-¡Ah!, ¿y a quién no? -dijo el joven mojándose los pies-. ¡Caracoles! Está fría. -Dejó caer el flotador en el agua-. No, espera un segundo, Sybil. Espera a que estemos un poquito más afuera.
Avanzaron hasta que el agua llegó a la cintura de Sybil. Entonces el joven la levantó y la depositó boca abajo en el flotador.
-¿Nunca usas gorra de baño ni nada de eso? -preguntó.
-No me sueltes -dijo Sybil-. Sujétame, ¿quieres?
-Señorita Carpenter. Por favor. Yo sé lo que estoy haciendo -dijo el joven-. Sólo ocúpate de ver si aparece un pez banana. Hoy es un día perfecto para peces banana.
-No veo ninguno -dijo Sybil.
-Es muy posible. Sus costumbres son muy curiosas. Muy curiosas.
Siguió empujando el flotador. El agua no le alcanzaba al pecho.
-Llevan una vida muy triste -dijo-. ¿Sabes lo que hacen, Sybil?
Ella meneó la cabeza.
-Bueno, te diré. Entran en un pozo que está lleno de bananas. Cuando entran, parecen peces como todos los demás. Pero una vez adentro, se portan como cochinos. ¿Sabes?, he oído hablar de peces banana que han entrado nadando en pozos de bananas y llegaron a comer setenta y ocho bananas -empujó al flotador y a su pasajera treinta centímetros más cerca del horizonte-. Claro, después de eso engordan tanto que no pueden volver a salir. No pasan por la puerta.
-No vayamos tan lejos -dijo Sybil-. ¿Y qué pasa después con ellos?
-¿Qué pasa con quiénes?
-Con los peces banana.
-Bueno, ¿te refieres a después de comer tantas bananas que no pueden salir del pozo?
-Sí -dijo Sybil.
-Mira, lamento decírtelo, Sybil. Se mueren.
-¿Por qué? -preguntó Sybil.
-Contraen fiebre bananífera. Es una enfermedad terrible.
-Ahí viene una ola -dijo Sybil nerviosa.
-La ignoraremos. La mataremos con la indiferencia -dijo el joven-, como dos engreídos. -Tomó los tobillos de Sybil con ambas manos y empujó para adelante y para abajo. El flotador levantó la proa por encima de la ola. El agua empapó los cabellos rubios de Sybil, pero sus gritos eran de puro placer. Cuando el flotador estuvo nuevamente en posición horizontal, se apartó de los ojos un mechón de pelo pegado, húmedo, y comentó: -Acabo de ver uno.
-¿Un qué, mi amor?
-Un pez banana.
-¡No, por Dios! -dijo el joven-. ¿Tenía alguna banana en la boca?
-Sí -dijo Sybil-. Seis.
El joven de pronto tomó uno de los empapados pies de Sybil que colgaban por el borde del flotador y le besó la planta.
-¡Eh! -dijo la propietaria del pie, volviéndose.
-¿Cómo, eh? Ahora volvamos. ¿Ya te divertiste bastante?
-¡No!
-Lo siento -dijo, y empujó el flotador hacia la playa hasta que Sybil descendió. El resto del camino lo llevó bajo el brazo.
-Adiós -dijo Sybil y salió corriendo, sin lamentarlo, en dirección al hotel.
El joven se puso la salida de baño, cruzó bien sus solapas y metió la toalla en el bolsillo. Recogió el flotador mojado y resbaloso y lo acomodó bajo el brazo. Caminó solo, trabajosamente, por la arena caliente, blanda, hasta el hotel.
En el primer nivel de la planta baja del hotel -que los bañistas debían usar según instrucciones de la gerencia- entró con él en el ascensor una mujer con la nariz cubierta de pomada de zinc. -Veo que me está mirando los pies -dijo él, cuando el ascensor se puso en marcha.
-¿Cómo dice? -dijo la mujer.
-Dije que veo que me está mirando los pies.
-¡Cómo dijo! Casualmente estaba mirando el piso -dijo la mujer, y se dio vuelta enfrentando las puertas del ascensor.
-Si quiere mirarme los pies, dígalo -dijo el joven-. Pero, maldita sea, no trate de hacerlo con tanto disimulo.
-Déjeme salir, por favor -dijo rápidamente la mujer a la ascensorista.
Las puertas se abrieron y la mujer salió sin mirar hacia atrás.
-Tengo los pies completamente normales y no veo por qué demonios tienen que mirármelos -dijo el joven-. Quinto piso por favor.
Sacó la llave del cuarto del bolsillo de su salida de baño.
Bajó en el quinto piso, caminó por el pasillo y abrió la puerta del 507. La habitación olía a valijas nuevas de cuero de vaquillona y a quitaesmalte de uñas.
Echó una ojeada a la chica que dormía en una de las camas gemelas. Después fue hasta una de las valijas, la abrió y extrajo una automática debajo de una pila de calzoncillos y camisetas -Ortgies calibre 7.65-. Sacó el cargador, lo examinó y volvió a colocarlo. Corrió el seguro. Después se sentó en la cama desocupada, miró a la chica, apuntó con la pistola y se descerrajó un tiro en la sien derecha.


(*) Se refiere a Seymour Glass (pronunciado simor glas) y confunde el sonido con la expresión see more glass (ver más vidrio).

martes, 26 de enero de 2010

Intermezzo: Pau Casals y las Suites para violonchelo solo de Bach

Eric Siblin · · · ·

Eric Siblin cuenta cómo un treceañero Pau Casals dio con una obra maestra olvidada de Bach.

La primera vez que me vi expuesto a las Suites para violonchelo solo de Bach, tras haber trabajado como crítico de música pop para un diario, se renovó mi circuito auditivo. Sucedió en una pequeña sala de conciertos en la que un violonchelista con una mata de pelo blanco se inclinaba sobre un instrumento del siglo XVII. En manos de Laurence Lesser [1], ese instrumento parecía desafiar las leyes de la gravedad musical. Oí música cortesana que habría llevado a Luis XIV al salón de baile, pero también riffs [2] que podían haber sido propulsados por Jimmy Page [3]; había gigas celtas y endechas espirituales, un tema de película de espías, floreos casi orientales, minimalismo moderno y la algazara de un violinista de taberna medieval.

En las notas del programa explicaba Lesser, de Boston, que las suites rara vez se oían antes de 1890, año en que un violonchelista de 13 años salió de paseo con su padre por el barrio viejo portuario de BarceIona. El chelista era Pau Casals y cuando se tropezó con la partitura de las Suites para violonchelo solo, cambiaron tanto su vida como el curso de la historia de la música. Casals pasó los doce años siguientes practicando con esta música hasta reunir la confianza suficiente para tocar una suite completa ante el público. Esta imagen del niño chelista que descubre esa música era el dramático arranque de la historia que me di cuenta entonces que yo quería contar. Pronto, conforme escuchaba esta música sublime una y otra vez, me parecía oír en el preludio de la primera suite ese paseo que lleva a un descubrimiento fortuito.

Para empezar, ¿por qué escribió Bach está música sin precedentes para un solista? Se cree que fue compuesta en torno a 1720, pero no hay pruebas concluyentes, puesto que desapareció el manuscrito original. Hay otros interrogantes. La Suite nº 5 , por ejemplo, compuesta para una extraña afinación, existe también en una hermosa versión para laúd solo dedicada a cierto "Monsieur Schouster", de quien nada se sabe. Y la Suite nº 6 fue escrita para un misterioso instrumento de cinco cuerdas.

Estas preguntas son típicas cuando se trata de Bach. A diferencia de sus principales competidores en el panteón de la música clásica – Mozart y Beethoven – sólo ha sido objeto de atención de pasada en la cultura popular. En parte eso se debe a lo poco que hay documentado históricamente sobre él. Sólo ha sobrevivido un retrato auténtico, del pintor de la corte de Sajonia, Elias Hausmann, que retrata a un ciudadano con peluca algo adusto, un tanto grueso, que sujeta una partitura para que la posteridad le dé vueltas. Pero la vida de Bach no era estirada. Le gustaban mucho sus tragos (vino, cerveza, brandy), su tabaco para pipa, sus veinte hijos (diez de los cuales llegaron a adultos), su primera mujer (que murió joven) y la segunda (que era joven cuando se casaron). En cierta memorable ocasión tuvo una reyerta con un bajista pendenciero y llegó a desenfundar la espada. En otra, acabó en las prisiones del duque.

Algo de lo que Bach no disfrutó en el curso de su vida – y vivió entre 1685 y 1750 – fue de una fama considerable. La vía para un gran éxito pasaba en el caso de los compositores de su época por los teatros de ópera, y Bach nunca vivió en una ciudad que mantuviera ninguno. Trabajó duro en la relativa obscuridad de lugares como Arnstadt, Mühlhausen, Weimar, Cöthen, y Leipzig.

Le llegó una fama más amplia casi ochenta años después de su muerte, cuando un Felix Mendelssohn veinteañero puso en escena una interpretación de La pasión de San Mateo que fue todo un triunfo. Pero el llamado renacimiento de Bach – la primera vez que salió del dominio de los especialistas y consiguió un auditorio popular – siguió avanzando lentamente. De modo que cuando Casals puso los ojos en una música de violonchelo cuya existencia había desconocido hasta entonces, seguía la pauta de la historia de Bach. Para aquellos músicos que sabían de ellas, las Suites para violonchelo solo eran consideradas áridos ejercicios técnicos de cierto valor pedagógico, pero no aptas para la sala de conciertos. Cuando Casals comenzó a hacerse una idea de la música, no disponía de ningún modelo. Tuvo que reinventarla, dado que el manuscrito autógrafo se había perdido y las escasas copias que habían sobrevivido diferían en los detalles. Desconocemos todavía qué había pensado Bach respecto al tempo, la dinámica, la técnica del arco o los estilos de ejecución. Consiguientemente, la partitura viene con licencia poética adjunta.

Todo violonchelista del siglo pasado acabaría midiéndose en su ejecución con la de un músico bajito y calvo de una pequeña ciudad de Cataluña, que sufría regularmente accesos de pánico escénico y cerraba con fuerza los ojos mientras tocaba. Durante mucho tiempo no hubo nadie en ninguna parte que sonara ni la mitad de bien.

La evidencia más temprana que yo haya encontrado de interpretaciones por parte de Casals de una de las Suites para violonchelo solo proviene del otoño de 1901. Andaba en una gira conjunta por España con el pianista británico Harold Bauer. El Diario de Barcelona recogía el 17 de octubre que Casals había tocado "la 'Suite' de Bach" y alababa su interpretación por su dicción y dignidad. Posteriormente, en el curso de la misma gira, El Liberal de Madrid informaba de que "una suite de Bach mereció una prolongada ovación para el señor Casals". La música que había yacido dormida durante casi dos siglos se oía finalmente.

Pero hasta la década de 1930 – durante la Guerra Civil española y poco después- no grabó finalmente Casals las seis suites completas. Esa primera grabación histórica completa de la música suena terriblemente apremiante y desesperada y esperanzada en maneras que no serían el caso en tiempo de paz. Casals, antifascista republicano, grabó la segunda y tercera suites en los estudios londinenses de Abbey Road en 1936, en el mismo momento en que se libraba con furia la Batalla de Madrid y era bombardeada la población civil. Las suites primera y sexta se grabaron en Paris en 1938, mientras la República Española aguantaba todavía la embestida del fascismo. Y finalmente las suites cuatro y cinco se grabaron en junio de 1939, poco después de que el General Franco hubiera ganado la guerra.

Desde entonces, las suites se han convertido en un rito de paso para quienes tocan el chelo. En una visita reciente a una tienda de discos de Manhattan encontré no menos de 24 versiones; la histórica grabación de Casals sigue siendo la más vendida.

Cada una de las suites tiene su propia personalidad. La primera es optimista y está llena de juvenil energía. La segunda suite, para mi, se convierte en una tragedia, y hay pruebas de que pudiera expresar el dolor de Bach por la muerte de su primera esposa. La tercera suite representa el amor, la cuarta, la lucha, la quinta, el misterio, y la sexta – rompiendo los límites de todo lo que venía antes y compuesta para un instrumento con una cuerda extra –, la transcendencia.

Me encontraba en Bruselas investigando la sexta de las suites, cuando topé una tarde con la tarjeta de una tienda de música de segunda mano de nombre Prelude. La localicé, intrigado: era un tingladillo con lo mínimo, con su perro descabezando un sueñecito y su dueño parecidamente desganado. No había gran cosa a la venta salvo alguna que otra pila mohosa de partituras. Me abrí paso por entre el montón dedicado al chelo, y reconocí los nombres de pedagogos del siglo XIX. Luego hojeé una pieza musical encuadernada a medida que se vendía por seis dólares. El lugar pareció dar vueltas: era la edición de Grützmacher de las Suites, la misma con la que se tropezó Casals en 1890. La vieja caja registradora resonó con lo que había comprado. Me había adentrado en una escena de mi imaginación.

Eric Siblin, crítico, musicólogo y documentalista canadiense radicado en Montreal, es autor de The Cello Suites: In Search of a Baroque Masterpiece, publicado por Harvill Secker.

NOTAS T.: [1] Extraordinario intérprete de chelo, Lesser, actual profesor del New England Conservatory, fue premio Tchaikovski en 1966 en Moscú, y realizó la primera grabación mundial del Concierto para violonchelo de Schoenberg. [2] Riff es una frase que se repite a menudo, normalmente ejecutada por la sección de acompañamiento. [3] Afamado guitarrista conocido por haber sido uno de los líderes del grupo de rock Led Zeppelin.

Pau Casals- Suite Nro 1 para Cello- Bach

video


domingo, 24 de enero de 2010

II. Contextualicemos, decía uno....

UNA CARICATURA DE 1874. El dibujante representó al jinete
Adolfo Alsina llevando las riendas del caballo de Nicolás Avellaneda.
LA GACETA/ARCHIVO
La cosa no venía muy rosa, vamos a decir.
Avellaneda había asumido el 12 de octubre de 1874, casi de casualidad, después de derrotar al mitrismo primero en las urnas (chiquitiiiiitas esas urnas, casi imperceptibles) y luego militarmente en las batallas de La Verde y Santa Rosa. Los liberales del partido Nacionalista no se quedaron tranquilos, y el aire se cortaba con cuchillo.
Roscas por todos lados, cuchicheo "destituyente" en cada esquina, anuncios de revoluciones en los diarios ·"cada establecimiento público, cada café, cada fonda, cada hogar donde los vecinos imperaban o se reunían, eran puntos a propósito para a propósito para recordar´los recientes sucesos, para pensar en nuevos trastornos y expresar la seguridad de un próximo cambio gubernativo" anota Manuel Rocha, Jefe de Policía, en la Memoria del Departamento General de Policía del año 1875.
Terrible crisis económica (coletazo de la europea), caida de los precios de los productos de exportación (no, soja no había todavía), dificultades financieras en los bancos, desaparición del crédito, quiebras, especulación, ruina del comercio (interior) y paralización de las pocas industrias, crispación....
Grandes sectores populares en estado de miseria (como "dato", en 1871, cada habitante de Buenos Aires disponía de $ 1.190, y para 1875, el contante y sonante -promedio, sabemos que algunos bastante más y otros mucho menos- era de $ 875) pintaban un paisaje fulero. Operarios desocupados vagando por las calles, y visitando periódicamente las cárceles bajo el "delito" de vagancia
La corriente migratoria europea que venía desde varios años atrás, alentada por la promesa de la patria bucólica, se seguía concentrando en la provincia de Buenos Aires, lejos de encontrar el paraíso en las provincias del interior, por la inexistencia de políticas de reglamentación de tierras públicas y colonización, engrosando la marea de pobres y desocupados...algunos decidían volver a su tierra, otros no se resignaban, o no tenían cómo....
Así las cosas, varios grupetes se reunían a discutir, planear, patalear....
En el mes de febrero de 1875, y a partir de una modificación parroquial , a partir de la cual se les "devolvía" a los jesuitas las iglesias del sur de la ciudad, fundamentalmente la Iglesia del Salvador, saltaron a la yugular varios actores: los diarios opositores publicaban largas proclamas acusando a los jesuitas de haber ensangrentado el suelo de las Misiones y la Colonia del sacramento, mereciendo la expulsión a la que los habían condenado; los distintos grupos masones protestaban, se reunían, agitaban; los vecinos elevaron una protesta al Gobierno de la Provincia, repudiando a los jesuitas, acusándolos de querer apoderarse a su manera de la provincia, y los estudiantes se reunían en asambleas (o algo así).
Monseñor Aneiros, desde el Arzobispado (que había participado de la movida de Avellaneda) salió a defender la medida, y ahí se pudrió todo...
Los estudiantes agrupados en el "Club Universitario" convocaron a un acto de protesta en el Teatro Variedades para el domingo 28 de febrero.La concurrencia era más que numerosa, y había gran cantidad de extranjeros, muchos italianos y españoles, los distintos partídos políticos también asistieron, todos con bandera, gorra y vincha, y al terminar el acto, después de caldearse bien el ambiente, salieron como locos a la calle, llegaron al Arzobispado, buscando a Aneiros, que se había rajado previamente, patearon puertas, rompieron algunas ostias y se dirigieron al Colegio del Salvador, saqueándolo e incendiándolo después, obligando a los jesuitas a huir, pero no sin darles antes algunos palazos.
Al día siguiente, todo era lamento y pedido de disculpas, proclamas despegándose de los hechos, condenando la violencia, repitiendo hasta el infinito "qué barbaridad"
Los diarios El Nacional y La Tribuna, que en los días previos habían preparado el carbón, la parrilla y los chinchulines, repudiaban con letras chorreadas la babarie.
El gobierno nacional la hizo corta: Estado de sitio.
Empezaron las sospechas y persecuciones a los distintos grupos: Son los extranjeros!!! El periódico El Nacional, abiertamente señaló a a los miembros de un club de La Boca, fundado recientemente por un grupo de jóvenes, con el nombre "El progreso", catalogándolos de carbonarios, asignándoles origen calabrés o toscano, y achacándoles terribles crímenes (amén de los del Colegio del Salvador)
El diario La Nación (mitrista, of course....alguien lo duda?) defendió a los extranjeros, teniendo en cuenta que habían participado activamente en el "aguante" a Mitre, y pidiendo que se hagan las investigaciones pertinentes.
Resultado de la investigación: se descubre una sociedad secreta, vinculada a la Internacional, integrada sólo por extranjeros (inicialmente integrada por franceses emigrados después de la guerra franco-prusiana, fundaron el efímero periódico "El Trabajador", se reunían en una cancha de pelota y en un principio no estaban vinculados al socialismo mundial, pero a partir de 1873, esta sociedad se asumía abiertamente comunista) que se reunían bajo el principio de que todo gobierno debía ser emanación de los trabajadores, se debía trabajar para la construcción de una nueva Internacional y para luchar contra toda tiranía (económica, religiosa o política)
Después de descubierta esta sociedad, detuvieron a 11 miembros y empezaron las persecutas.
No obstante, no se podía eludir que el fundamento para el agite era la situación económica. Ese era el verdadero caldo de cultivo....

Seguiremos, dijo Remos

viernes, 22 de enero de 2010

aviso al querido lector


Aviso que no me estoy haciendo la misteriosa, ni tampoco creando suspenso en el affaire Bookart, ni nada de eso. Sólo un imponderable de la vida cotidiana (total, Malinovski está tan, pero tan perdido en el polvo del tiempo que ya ni se sabe de que se trata este asunto), una situación disruptiva de la monotonìa diaria, un pateo de cronograma que me arremete desde el pasado y me tiene corriendo como loca, impidieron que me siente un cacho tranquila a escribir. No es que me aferre a la rigurosidad historiográfica, pero tampoco es cuestión de andar batateando así porque sí. Si mañana logro ordenarme un poco más, prometo que volveré y seré conspiraciones.
Muchas gracias.

les dejo este link de musica para escuchar online, no tenés que bajarte nada a la compu, y tiene de todo!
http://listen.grooveshark.com/

martes, 19 de enero de 2010

Corrientes, 974

segundo patio al dofón....
No hay porteros ni vecinos, sino un grupo de inmigrantes reunidos en una mesa, con un puñal como testigo de lealtad al Jefe
Juan G Bookart, inmigrante alemán, militante del mitrismo, que había participado de la conspiración fallida en el mes de julio de 1875 para derrocar al presidente Avellaneda, y rápidamente logró reclutar a una gran cantidad de adeptos que le respondiera, para llevar adelante un cambio social.
La mayoría de sus seguidores eran extranjeros, fundamentalmente italianos y españoles
Las reuniones se realizaban en la casa de Bookart, por la noche y por la tarde. Allí, durante días y meses, fueron planeando "el gran día" que pronto iba a amanecer, en el que todo iba a ser arrasado por el pueblo. Allì se acordaban las comisiones diariasspara cada conjurado: buscar adeptos, hacer contactos, buscar dinero....
Allí, sobre la mesa del comedor, hacían el siguiente juramento:

En la ciudad de Buenos Aires, a..........de mil ochocientos setenta y cinco reunidos en casa de Juan G Bookart á las dos de la tarde un número de personas, amigos y republicanos todos, con el objeto de preparar los trabajos políticos que deben salvar a la patria argentina de la miseria y ruina á que se la llevan unos cuantos hijos desnauralizados y pícaros, hemos acordado por unanimidad de pensamientos en celebrar un solemne compromiso bajo las bases siguientes:
Primero: Nos los abajo firmados, juramos por el Dios de la libertad de los pueblos y las leyes de la verdadera igualdad republicana y democrática, como por el honor de nuestro nombre y honra y por ese puñal que tenemos a la vista, cumplir con toda fidelidad y hasta la muerte con los artículos siguientes:
Art 1º: Cada uno de nosotros se impone la obligación de trabajar con el mayor secreto a fin de que se puedan reunir los compañeros con que debemos realizar el pensamiento antes dicho
Art 2º: Que no teniendo recursos para esta obra, debe cada uno proporcionarse de alguna manera un arma con la que pueda defenderse y matar durante la lucha y toda vez que fuese necesario hasta la conclusión de nuestro grandioso proyecto.
Art 3º Nombramos por nuestra absoluta voluntad, y por la de nuestros muchos compañeros, á D. Juan G Bookart como gefe superior y director de nuestras polìticas empresas, al cual obedeceremos en cuanto mandase.
Art 4º: Las deliberaciones que este nuestro gefe tome antes de lanzarnos á la lucha deben siempre ser ayudados en nuestros consejos y reflexiones, tda vez que él lo solicitase.
Art 5º: Terminada que sea la obra que debe salvar la patria de la miseria, de las traiciones y el desquicio, nuestro gefe superior D. Juan G: Bookart queda obligado por este mismo y solemne juramento á buscar el medio como indemnizar nuestros trabajos y sacrificios.
Art 6º: Nosotros no obedeceremos a nadie ni estaremos con nadie, desde este momento, sino con el gefe que por este santo juramento hemos nombrado, y al cual obedeceremos como ya lo hemos dicho, en todo y cualquiera que fuese la operación que hubiese de ejecutar y cumplir aunque para ello tuviésemos que nadar en un gran río de sangre.
Art 7º: Si en la lucha quedasen algunos de nuestros compañeros fuera de combate por haber muerto en defensa de los derechos de un pueblo libre, de las instituciones democráticas y paternales, sus mujeres, hijas e hijos tendràn el mismo derecho que los que vivan, á lo que diche el artículo 5º de este solemne compromiso.
Art 8º: Si se llegase a saber que alguno había revelado nuestros trabajos, á cualquiera autoridad, será castigado en cualquier tiemp por nosotros mismos, con la pena que merece todo traidor, la muerte.
Artículo último: En fe de lo cual firmamos con nuestro puño y letra, y con toda la tranquilidad de nuestros espíritus y la fuerza de nuestros corazones para que conste en todo tiempo este solemne compromiso que con toda formalidad hemos contraído para salvar a la Nación Argentina nuestra patria y la de nuestros hijos y volverla al sendero de felicidad y progreso

seguirá....chan, chan, chan.....

sábado, 16 de enero de 2010

Pobre espíritu


Preocuparnos por el espíritu es una preocupación, sin dudas

Un espíritu cultivado, amplio, limpio, libre de dudas es un problema, una tarea que aqueja a miles de espíritus.

Cultivar el espíritu a través de la belleza o el ascetismo, la libertad o la sumisión, el goce o el tormento es un dilema que atraviesa a la historia.

Nada de esto me desvela. Pero sí, me da curiosidad. Me asombra. Me conmueve, Me revela.

No entiendo al pobre espíritu sin cuerpo, sin risa, sin casa, sin familia, sin amigos, sin pan, vagando entre despojos

No entiendo. No quiero entender al espíritu descarnado. Prefiero cultivar la risa, la casa, la familia, los amigos, el pan para todos. Prefiero conmoverme ante los despojos, Prefiero revelarme ante los pobres cultivadores de espíritu… Prefiero sentir asco por ellos, y ponerme a disposición de los despojos


"Haití hizo un pacto con el diablo"

Es la explicación que el vocero evangelista Pat Roberson le da al terremoto El ex candidato presidencial norteamericano Pat Robertson cree que el país está maldito. Por lo que según él, es normal lo que ha pasado

Como uno de los fundadores y presidentes de esta cadena evangelista, Robertson estaba obligado a dar una explicación a sus telespectadores desde el punto de vista de dios. Según él, la explicación que le daría al desastre es que ellos se lo han buscado porque tienen un pacto con el diablo. "Le dijeron, te serviremos si nos libras de los franceses. Y así fue, el ddemonio le dijo, OK, trato hecho"


El ultracoservador obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, ha asegurado que "existen males mayores" que los que están sufriendo "los pobres" en Haití, como "nuestra pobre situación espiritual".

En esos términos se ha expresado sobre una catástrofe que hasta el momento ha causado decenas de miles de muertos y tras recomendar a Zapatero evite acercarse a tomar la Comunión por su ley del aborto.

"Lamentamos muchísimo lo de Haití", ha puntualizado, "pero igual deberíamos, además poner toda nuestra solidaridad y recursos económicos con esos pobres, llorar por nosotros y por nuestra pobre situación espiritual".

"Quizá es un mal más grande el que nosotros estamos padeciendo que el que esos inocentes están sufriendo", ha sentenciado



jueves, 14 de enero de 2010

El sendero de las dudas que se bifurcan

"Así hablaban en un corrillo, en la noche del 19 de noviembre de 1875, algunos jóvenes que paseaban por la Plaza de la Victoria.
-Es una gran calamidad- decía un viejo en otro corrillo algo separado del primero- si la
comuna estalla en Buenos Aires….
-¿Quién se acuerda ya de la
comuna? – interrumpió otro señor, de blanca barba y anteojos verdes.
-Pero si recién hace tres días que se ha descubierto la conspiración.
-¿Eso qué importa? Tiempo suficiente ha habido durante esos tres días para pesar los incidentes . Entretanto una nueva curiosidad viene a despertar vehementemente la atención pública.
-¡Los diarios no se han ocupado hasta ahora sino de la conspiración!
-Es cierto; pero no lo es menos que mañana habrán olvidado a Bookart para no pensar sino en Nic-Nac.
"
(VIAJE MARAVILLOSO del SEÑOR NIC NAC (al planeta Marte) en el que se refieren las prodigiosas aventuras de este señor y se dan a conocer las instituciones, costumbres y preocupaciones de un mundo desconocido. Fantasía espiritista. Eduardo Ladislao Holmberg)


Una de las muchas taras que tengo es la obsesión por temas totalmente intrascendentes, pero que, por algún motivo, se clavan como duda en el estómago. Una vez instalada ahí, puedo pasar meses tratando de averiguar de qué se trata. Tendrìa que hablarlo con mi madre, tal vez haya algún "episodio infantil" que no recuerde, porque el nacimiento de mi hermano de manera inconsulta, la operaciòn de garganta a los pocos meses (nunca habrá helado suficiente para compensarme la luz que enceguecía y adormecía y me abdujo las amígdalas) no son justoficaciones para explicar por qué, así esté tapada de cosas, y al borde de la cianosis, me dedique sistemáticamente a desviar mis búsquedas en caminos de cornisa, alternativos a la ruta principal, bien señalizada, iluminada, con paradas prefijadas.....
La búsqueda del cuento de Holmberg a partir de una duda primigenia (!) instalada por Mr U en un post perdido en su primer blog (tambièn perdido), se resolviò bastante rápidamente. Después de algunos intentos fallidos, pude hacerme de una fotocopia del cuento, la cual copié y distrubuí ampliamente. Poco después, me hice del libro, y con ésto, podríamos concluír, listo el pollo, colorín colorado, este post ha terminado.
Pero.....no sos vos, soy yo, que doy vueltas y vueltas para decir lo que tengo que decir....Al leer el párrafo del cuento que corona este enrolle, sentí una primera molestia, que se hizo estocada feroz al leer la nota al pie de página:

"La comuna: Avellaneda, tras asumir la presidencia en octubre de 1875, y sofocar la rebelión militar de Mitre en diciembre, debió enfrentar en marzo de 1876 lo que los diarios llamaron "La conspiración de Bookart", antiguo mitrista que contaba con la adhesión de los inmigrantes, del que se temía podría causar sucesos similares al levantamiento obrero realizado en París en 1871, brutalmente reprimido, y que se convirtió en símbolo de la lucha obrera mudial"

Epa! pero quesquecesá? Una conspiración inspirada en la Comuna! Acá, en el Río de la Plata! Nah.....
Y así, empezó la búsqueda de la Santa Conspiración. Meses googleando, consultando bibliotecas digitales y dendeveras, preguntando a cuanto historiador se me cruzaba ( por razones meramente laborales, se me cruzan más historiadores por semana que obreros de la construcción, por eso necesito, casi siempre, un empujón, un baño de realidad para salir del frasco. Cada uno con sus limitaciones, queselevacer..... )
Pero nada, Ni una mísera pista del tal Bookart. Y eso que me aventuré, eh? Pregunté a aquellos especialistas en conspiraciones argentinas con los que sólo me une el gruñido....pero nop, nada, no había Bookart, no había conspiraciones comuneras, "pero si averiguás algo, avisame urgente, eh? Sería una perla!!!!!" ..... Ahá, si, bueno.....
Una vez saltó el dato de una ponencia en un congreso de historia de la década de los 70 en Santa Fe. Bien. Y hacia allí nos encausamos. Año 75, congreso, publicado por la Academia....Buenas, Señora Academia, busco un trabajo del año 75..... Busque en los archivos.....Nada
Meses, eh? No de manera constante, también tengo que vivir, pero de tanto en tanto, me volvía el dolorcete estomacal y arremetía.
Hace unos meses se hizo la luz (o la publicación) Las actas de ese congreso fueron publicadas en el 1977. Los horrores de la dictadura ensangrentaron su imagen, y nadie, pero nadie, volvió a consultar esos trabajos, teñidos falsamente de una reputación que no merecían!
Y así encontré a Bookart, mas una serie de trabajos sobre distintos conflictos sucedidos durante el gobierno de Avellaneda. Jitanjáfora!
Hecha la introducción, me retiro triunfalmente , no sin antes anunciar que en los próximos días publicaremos en este humilde y sentido espacio los acontecimientos brevemente esbozados más arriba.

Los dejamos con un simpático video, afanado hace tiempo en el blog de Diego F, sobre la Comuna de París (la vera, no el intento local)

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sábado, 9 de enero de 2010

Vivir en zona cacerolera tiene sus delicias. Anoche, tipo 12, por ahí, llama la nena y me pide que la busque en la parada del bondi. Lo extraño de las hijas es que pueden andar a las 2, 3 o 4 de la mañana solas, vaya a saber una por dónde, pero si salen o vuelven a su casa, (a mi casa, bah) piden la compañía materna. Y una es una apóstola, y se pone las zapatillas y sale a buscarla.

Parada de Acoyte y Alberdi (4 cuadras de Acoyte y Rivadavia, ojo volcánico de la primer caceroleada Essen) Tilinga rubia, bronceada, entre 20 y 40 (sí, son de una “raza” sin edad) minifalda de jean y musculosa, ojotas, con musculoso en musculosa Schwarzeneeger bronceado-todotrabado.
El: bla, bla, blablablablabla….bla, bla
Ella: Obvio…obvio
El: bla, bla, blablablablabla….bla, bla…..blablabla
Ella: Obvio, sí, Obvio
El: (Sube el tono, por eso escucho) Viste lo del Central?
Ella: No……qué pasó?
El: La yegua…….despidió al presidente, o algo así……(en ese momento, empieza a acercárseles una enorme cucaracha voladora, caminando derechito, derechito hacia ellos)
Ella: esa hija de puta, no, no sabía nada………(la cucaracha se le sube por el pié, y empieza a subir. Ella ni mira, levanta la pata, se sacude con la mano algo que le molesta (¿una idea, será?) y sigue: Che, vamos al club mañana?

jueves, 7 de enero de 2010

Alá levanta polvareda, Galileo...¿ no?

Leo en este artículo la polémica que se armó en la ciudad de Poznan, por un proyecto de arte público dirigido por Joanna Rajkowska: La Rajkowska presentó el proyecto a pedido del alcalde de la ciudad, para convertir una vieja chimenea industrial en un minarete. (las torres de las mezquitas desde donde se llama a la oración) Proyecto artístico, financiado por el estado, que según la artista, proponía “traerme un pedazo de Oriente Medio a Polonia (…) para darle a la zona un atractivo exótico, para convertirla en un Lugar. Este lugar será una creación resultado de la tensión entre lo familiar y lo extraño, lo evidente y lo misterioso”

Pero a la vez “No sólo quería transmitir a los habitantes de Poznan el embrujo que para mí tiene la cultura de Oriente Medio sino hacerles también una pregunta: ¿estáis dispuestos a aceptar un elemento extraño -de otra religión, etnia y cultura- entre vosotros? (…) el minarete pregunta si nosotros, los polacos, estamos en proceso de abrirnos a los extranjeros, a los foráneos, a los que no son de aquí. Por qué hemos llegado a identificar Islam con terrorismo y qué imagen nos hemos creado de los musulmanes. Así cómo por qué nos conformamos en silencio con la presencia de tropas polacas en Irak o Afganistán, por qué estamos en el lado de los agresores, y por qué Polonia se convirtió en el lugar en el que la CIA mantenía cárceles secretas y bases para el traslado de presos.”

Para qué! Se armó un tole-tole bárbaro (cómo me gusta decir tole-tole, y también “me hago una malasangre!")

Saltó todo Poznan, para defenestrar o apoyar el proyecto. Los argumentos en contra, oviusly, van desde considerarlo “culturalmente foráneo”, una "provocación religiosa".por ubicarse cerca de una basílicacatólica y una ex sinagoga, a maravillas como ésta “No cometamos el mismo error de otras ciudades europeas, no hagamos concesiones. Nos oponemos resueltamente a los minaretes, las mezquitas, el terrorismo, la barbarie y la intolerancia religiosa".

Muy lindo todo. Gran debate, discusión, argumentaciones de todo tipo.....

Vamos al título del post. La primera parte, ya está explicada, se va la segunda….

Recibo un mail advirtiéndo(nos) que el muchacho Macri, tercerizó la programación y las ganancias del Planetario Galileo Galilei. El Gobierno de la Ciudad (el Planetario depende de Cultura) sólo se encarga de pagar los sueldos al personal y los contratos de los "empleados de los nuevos dueños”. Lucía Sendón de Valery, era una empleada del lugar que estudió profesorado de Geografía, y Marcela Lepera, una maestra jardinera, hicieron echar a las autoridades de carrera que estaban desde hacía varios años y se apoderaron del edificio, pusieron como socios a yernos, maridos primas e hijos menores de edad (Ana Maestroni, de 15 años)

El mail sigue dando una serie de nombres y datos, afirma que las 40 personas que fueron contratadas no tienen la menor idea de qué cosa es una estrella, y termina diciendo “Entre las actividades se puede ver cómo cierran el planetario para eventos privados, fiestas de cumpleaños particulares (consta en un video que hizo TN y Canal 13) Y que Macri frenó con publicidad oficial.

Aunque nada me sorprende de este jefe de gobierno, empecé a googlear a ver si encontraba algo. En algunos blogs, levantaron directamente el mail, y aparece firmado por alguien a quien conozco bastante. Le escribí, y me respondió que sólo lo había reenviado, y no era su autora, pero que había consultado y era cierto.

Busco más, y me encuentro con esta hermosa página, en la que relatan la loca fiesta que hicieron en el Planetario….vamo con la birra bien fría, que eso nos enseña a escribir! Yo entiendo que a veces, para ver lel cielo, una estrella fugaz, tenés que estar relajado, con buena predisposición, pero no hace falta emborracharse para esto!

Y el traspaso de telescopio de mando no fue ahora, eh? sino hace un tiempo más que considerable, a no ser que lo midamos en wharp….porque sí es cierto que Lucía, la profe de geografía, es la directora del Planetraio….Un astrónomo por ahí!

¿No hacemos nada? ¿No debatimos, no argumentamos para qué un planetario? (como los polacos, digo....) ¿No nos ponemos un poquito locos, no nos hacemos mala sangre al saber que el Planetario no está bueno, que nos ponen a doña Apagón de Ledesma como embajadora Cultural (autora, entre otras cosas, de proyectos de mecenazgo. Mirá, prefiero a Lucrecia Borgia!) No debatimos por qué se queda en Educación la banda de nazis que se coló con el finadito Posse….? Insisto, para cuándo Cecilia Pando en Bienestar Social?

¿Y la educación, y la cultura, dónde stan en esta buena Buenos Aires? ¿Ah?


lunes, 4 de enero de 2010

Barba de nube

Andres el Viejo, por Fernando Katz

Andres El Viejo dijo...

Repito lo que escribí en otro lado: lograste personajes reales y reconocibles, sin caer en un realismo zafio.
Después averiguo lo que quiere decir zafio, por si me preguntan.
Saludos


Fue un honor conocerte. Realmente. Fue un honor que me dejaras ser tu amiga.
Me quedo con tu carcajada fácil. Tu mirada irónica. Tu agudeza. Tu bondad.
Voy a extrañar las charlas, los cafecitos al mediodía, los chateos de la tarde, las discusiones (las únicas discusiones que tuvimos) sobre el genocidio de Roca (te lo advertí: nunca le dejes a una mina la última palabra, siempre va a dar vuelta el argumento), tus historias de chico del Chaco, de tu abuela, de tu viejo viajante de comercio, de tus primeros años de militancia en Buenos Aires, de tus hijos, tu primer y segunda ex, de tus novias, tu interpretación de Gramsci... así, todo junto y con el mismo interés, con la misma importancia
Voy a cuidar el malvón negro (lo tengo en el balcón)
Te vamos a extrañar. Te voy a extrañar . Mucho
(y me salió un post de nena, con el corazón en la mano y llorando, pero no me vas a volver a retar porque lo diga de esa manera)

Hasta la Victoria´s Secrets (como siempre, querido Viejo)

La reputísima madre

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Mi querida Josefina:



Esta semana, como las anteriores, llega martes y no ha llegado tu carta. También empiezo a escribir ésta para que me dé tiempo a echarla después, cuando el correo me traiga la tuya, que no creo que falte hoy. Estos días me los he pasado cavilando sobre tu situación, cada día más difícil. El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí, y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que lo consueles, te mando esas coplillas que le he hecho, ya que aquí no hay para mí otro quehacer que escribiros a vosotros y desesperarme. Prefiero lo primero y así no hago más que eso, además de lavar y coser con muchísima seriedad y soltura, como si en toda mi vida no hubiera hecho otra cosa. También paso mis buenos ratos espulgándome, que familia menuda no me falta nunca, y a veces la crío robusta y grande como el garbanzo.

Todo se acabará a fuerza de uña y paciencia, o ellos, los piojos, acabarán conmigo. Pero son demasiada poca cosa para mí, tan valiente como siempre, y aunque fueran como elefantes esos bichos que quieren llevarse mi sangre, los haría desaparecer del mapa de mi cuerpo. ¡Pobre cuerpo! Entre sarna, piojos, chinches y toda clase de animales, sin libertad, sin ti, Josefina, y sin ti, Manolillo de mi alma, no sabe a ratos qué postura tomar, y al fin toma la de la esperanza que no se pierde nunca. Así veo pasar un día y otro día, esperanzado y deseoso de correr a vuestro lado y meterme en nuestra casa y no saber en mucho tiempo nada del mundo, porque el mundo mejor está entre tus brazos y los de nuestro hijo.

Aún es posible que vaya para el día de mi santo, guapa y paciente Josefina. Aunque yo, la verdad, creo que estos amigos míos llevan las cosas muy despacio. Han estado de vacaciones fuera de Madrid y han regresado esta semana pasada. No han podido venir a verme porque ahora es imposible para todo el mundo. Es casi seguro que los veré la semana que viene. Me decías en tu anterior que guardara la ropa cuanto pudiera. No te preocupes, que si no tengo ropa cuando salga, con ponerme una mano en el occipucio y otra en el precipicio, arreglado. Así y todo procuro conservarla y uso la más vieja y todo son cosidos y descosidos y ventanas por todas partes. El pijama se me ha roto y le he puesto un remiendo que es media camisa, porque se me veía toda la parte de atrás y era una verdadera vergüenza. Por lo que a mí me pasa, me figuro lo que os pasará a vosotros y como esto siga así, me veo contigo como Adán y Eva en el Paraíso.

¡Ay, Josefina mía! No nos queda otro remedio que aguantar todo lo malo que nos viene y nos puede venir, para el día que nos toque aguantar lo bueno. ¿Verdad que llegará ese día? Yo nunca he dudado de que llegará y de que seremos más felices que hasta aquí hemos sido. Esta separación nos obliga a respetar a nuestro Manolillo más que respetamos al otro. Manolillo del que no dejo de acordarme nunca. Dentro de un mes hará un año que se nos murió. Eso de que el tiempo pasa de prisa, para nadie es más verdad hoy como para nosotros y a mí me cuesta trabajo creer que ha pasado un año desde que cerró nuestro primer hijo los ojos más hermosos de la tierra.

Dios, a quien tú tanto rezas, hará que el día diecinueve de octubre lo pasemos juntos, si no hace que lo pasemos el día ventinueve de este mes. No quisiera pasar, ese día lejos de ti. Iremos a dar una vuelta al campo y si tú eres decidida, visitaremos la tierra donde nos espera. Tengo ganas de hablar contigo. La otra noche soñé a Manolillo ya con cinco o seis años de edad. Cuídalo mucho, Josefina que crezca fuerte y defendido contra toda enfermedad. Cuando te sea posible come mucha fruta y mucho vegetal, principalmente patatas. Es lo que más conviene a tu salud y a la de nuestro sinvergüencilla.

No me dices muchas cosas suyas. Supongo que ya hablará más que un loro. Si supieras que ganas tengo de oír su voz: se me ríen los huesos sólo de imaginarla, con que mira lo que me voy a reír el día que la oiga de verdad. Dime el peso que tiene, que no lo has pesado hace mucho tiempo. Estoy enfadado con Manolo y con las Marianas, a ninguno de los cuatro se les ocurre escribirme unas letras. No se acuerdan de mí, que no los olvido. Dime también algo de la abuela y la tía, que tampoco me han mandado una sola letra (...).

Bueno. Voy a dejar el lápiz y a esperar tu carta, a ver qué me trae de bueno. Nada. Hoy no recibo carta tuya. No me gusta que te retrases en escribirme. Vaya plantón que me he llevado al pie del que vocea el correo. No hay derecho. Espero que me digas algo de nuestra familia de Orihuela, de mi madre especialmente y de la de Pepito. Anteayer he recibido una carta de un amigo de la huerta, Trinitario Ferrer, muy amigo de mi hermano y me dice que se ve con él todos los días. Di a Vicente que le diga que por ahora no puedo contestarle, pero que me alegra mucho saber de él. Voy a terminar mi carta diciéndote que seas menos perezosa conmigo o de lo contrario no te voy a escribir en un mes. Y nada más porque no parezca larga ésta a la censura y porque hagan todo lo posible para que llegue a tus manos.

Manolillo: adiós, un beso ¡pum! Otro beso ¡pum! Otro, otro, otro, ¡pum, pum, pum!

Manolo: escribe, dejando a un lado por un rato las barbas y las perezas.

Marianas: a ser buenas y a pelearos una vez a la semana solamente.

Josefina: recibe para ti y para nuestro hijo y para nuestros hijos mayores el cariño encerrado y empiojado y ... perdido de tu preso

Miguel

¡Adiós!

Miguel Hernández a josefina Manresa
Madrid, 12 de septiembre de 1939.

Entre hoy y mañana, se están publicando post sobre Miguel Hernández a 100 años de su nacimiento (y también, por qué no, como forma de desagravio por las cosillas putrefactas que están haciendo en su pueblo) Es un placer sumarme a esta blogueada, (tomé nota en el blog de María Jesús) ya que Hernandez es Miguel, y me acompaña desde muy chica.