lunes, 28 de septiembre de 2009

Cuestión de honor



Este viernes 2 de octubre, a partir de las 19 hs, el amigo Fernando Katz inaugura la muestra de sus pinturas. Aviso con tiempo, para que arreglen agendas, vuelos y demáis.
Es en la Galería La Estrella del Sud, Humberto Primo 1217, Ciudad de Buenos Aires,
y se extiende hasta el 23 de octubre (horario un poco acotado, lunes a viernes de 16 a 19hs)
El nombre de la Muestra: es “Ese beve instante” (que buen nombre, Katz!)
Algunas obras se pueden ver en su blog, pero, como sabemos, no es lo mismo…
Pero no quiero centrarme en sus pinturas, en el estilo, en el manejo del color (que me gusta y mucho!) sino en la necesidad de acompañarlo.
Porque es uno de los nuestros. Es un laburante que pretende ganase la vida con ésto, y ésto, señoras y señores, es tan duro como cualquier otro trabajo. Lejos está el glamour que uno imagina, la valoración del talento y del vuelo creativo. Es un mercado tan sangriento como el del petróleo (por lo escaso y específico del producto, digo, se me ocurre esta comparación)
Es el mercado del arte, se compran y venden objetos únicos, pero la cotización se va componiendo de muuuuchos elementos, antes que el talento del artista.
Entonces, por eso hay que ir. Para hacer una demostración de fuerza, si se quiere. Un compromiso militante. No está sólo.
Si quieren, después debatimos en asamblea los temas elegidos para cada obra, la técnica, el color, la modalidad de la muestra, la conveniencia del momento y el lugar, si el marchand apoyó al campo el año pasado, todo eso es debatible, lo que no podemos negar, es que tenemos que acompañar. Porque ya lo mencioné antes: es uno de los nuestros.
(cualquier analogía con situaciones cercanísimas en el tiempo es absolutamente válida, eh?, pero no quiero mezclar los tonos explícitamente)

Che, llego una hora más tarde, guárdenme un sandwichito por lo menos!

A Ernestina y todas las madres que nos quieren proteger, creando muros de silencio...

video video

DE UN DECRETO DE LA DICTADURA

HACIA UNA LEY DE LA DEMOCRACIA

LA MILITANCIA ACOMPAÑANDO A LA LEY DE MEDIOS HASTA SU SANCIÓN

Ya se ha logrado la media sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual en la Cámara de Diputados de la Nación. Ahora resta su tratamiento en la Cámara de Senadores.

Sabemos que quienes tienen en juego intereses económicos muy fuertes harán TODO lo que esté a su alcance para impedirlo.

Desde la militancia hay muchas cosas, que por sencillas que sean, suman. El demostrar que somos muchos los que estamos a favor de una ley de radiodifusión de la democracia cuenta y por eso queremos utilizar todas las herramientas y formas de comunicación que estén a nuestro alcance.

Es así que varios hemos coincidido que hacerle llegar por mail a nuestros senadores nuestra solicitud, como representados, de su voto a favor de la democratización de la palabra puede ser una acción más militante y con una herramienta, como es el correo electrónico, que muchos utilizamos diariamente.

La fecha probable de tratamiento de la ley es el 7 de octubre, hasta ese día cada uno de nosotros puede hacerle saber a nuestros legisladores nuestra postura a favor de la ley y también, en un esfuerzo más, reenviarlo a nuestros contactos para que se multiplique.

Al pié de este correo están los nombre de los correos electrónicos de cada uno de los Senadores nacionales.

También, si utilizás la red social Facebook, allí nos estamos reuniendo miles de personas en el grupo CINTA VERDE A FAVOR DE LA LEY DE RADIODIFUSION.

http://www.facebook.com/home.php#/group.php?gid=132104882829&ref=share

Estamos siendo parte de un hecho histórico.

Acá están las direcciones de correo de todos los senadores: roberto.basualdo@senado.gov.ar
jorge.banicevich@senado.gov.ar
fabio.biancalani@senado.gov.ar
mariajose.bongiorno@senado.gov.ar
adriana.bortolozzi@senado.gov.ar
samuel.cabanchik@senado.gov.ar
eric.calcagno@senado.gov.ar
castillo@senado.gov.ar
jcolazo@senado.gov.ar
mcolombo@senado.gov.ar
ana.corradi@senado.gov.ar
elena.corregido@senado.gov.ar
mariarosa.diaz@senado.gov.ar
escudero@senado.gov.ar
maria.estenssoro@senado.gov.ar
liliana.fellner@senado.gov.ar
fernande@senado.gov.ar
daniel.filmus@senado.gov.ar
marcelo.fuentes@senado.gov.ar
silvia.gallego@senado.gov.ar
cesar.gioja@senado.gov.ar
haide.giri@senado.gov.ar
silvia.giusti@senado.gov.ar
ruben.giustiniani@senado.gov.ar
hilda.gonzalez@senado.gov.ar
pedro.guastavino@senado.gov.ar
guinle@senado.gov.ar
ada.iturrez@senado.gov.ar
jenefes@senado.gov.ar
latorre@senado.gov.ar
horacio.lores@senado.gov.ar
ruben.marin@senado.gov.ar
juan.marino@senado.gov.ar
jose.martinez@senado.gov.ar
alfredo.martinez@senado.gov.ar
norberto.massoni@senado.gov.ar
mayans@senado.gov.ar
ada.maza@senado.gov.ar
carlos.menem@senado.gov.ar
miranda@senado.gov.ar
morales@senado.gov.ar
lnegre@senado.gov.ar
roy.nikisch@senado.gov.ar
sdora.osuna@senado.gov.ar
jose.pampuro@senado.gov.ar
nanci.parrilli@senado.gov.ar
perceval@senado.gov.ar
juan.perezalsina@senado.gov.ar
daniel.persico@senado.gov.ar
luis.petcoffnaidenoff@senado.gov.ar
pichetto@senado.gov.ar
delia.pinchetti@senado.gov.ar
teresita.quintela@senado.gov.ar
emilio.rached@senado.gov.ar
reuteman@senado.gov.ar
marina.riofrio@senado.gov.ar
fabian.rios@senado.gov.ar
adolfo.rodriguezsaa@senado.gov.ar
juan.romero@senado.gov.ar
carlos.rossi@senado.gov.ar
ramon.saadi@senado.gov.ar
carlos.salazar@senado.gov.ar
maria.sanchez@senado.gov.ar
ernesto.sanz@senado.gov.ar
eduardo.torres@senado.gov.ar
monica.troadello@senado.gov.ar
roberto.urquia@senado.gov.ar
arturo.vera@senado.gov.ar
pablo.verani@senado.gov.ar
luis.viana@senado.gov.ar
elida.vigo@senado.gov.ar
isabel.viudes@senado.gov.ar

sábado, 26 de septiembre de 2009

Mala leche



Qué puede uno pensar de gente que pinta vacas (y de violeta!)? Eh?
Esa gente es capaz de dejar sin laburo a muchas familias, no pagar sueldos, patotear...
Reincorporación de todos los trabajadores ya!
(¿Y si la nacionalizamos?)
Ah, una cosa más: Nada de palos, eh? Los palos a los laburantes son vergonzosos, fascistas, y nos hacen dar muuuuucha bronca....

jueves, 24 de septiembre de 2009

en un rato vuelvo...


Cuando era chica, jugaba a tapar la luna con la mano. Acostada en la cama, movía la mano de un lado a otro, en esas noches claras, de luna llena y grande, y veía cómo desaparecía y volvía a aparecer detrás de los dedos, a través de la ventana en mi habitación oscura .
Este juego también lo juegan ahora unos tipos muy serios y estudiosos, que trabajan en una misión espacial aprobada y liderada por la Agencia Espacial Francesa (CNES) y la Agencia Espacial Europea llamada COROT (acrónimo: COnvection ROtation and planetary Transits)
Estos tipos laburan de descubridores de planetas extrasolares, (lindo laburo!) y hace unos meses, jugando a mirar el tránsito astronómico (que es un fenómeno durante el cual un astro pasa por delante de otro más grande, bloqueando en cierta medida su visión, como la mano a la luna), a través del satélite COROT, descubrieron un cambio en el brillo de una estrella madre (COROT-7) que está allá lejos, por donde el diablo perdió el poncho , debido al paso de un planeta por delante (mirando desde la Tierra).Así descubrieron COROT-7b el planeta que orbita alrededor de la estrella no identificada COROT-7.. La medición con exactitud de la diferencia de brillo, junto con una estimación del tamaño de la estrella, permite calcular el tamaño del planeta.. Tiene un diámetro 1,7 veces el de la Tierra., una masa estimada entre 5,6 y 11 masas terrestres lo que lo convierte en un planeta rocoso. Orbita muy cerca de su estrella, con un periodo orbital de 20 horas. La estrella, en la constelación Monoceros, está a 390 años-luz (120 parsecs) de distancia
Lo interesante, es que este planeta extrasolar recién descubierto es, hasta la fecha, el más parecido a nuestro planeta. Además, la estrella alrededor de la que orbita es muy similar a nuestro Sol., pero, como se encuentra más cercano a su estrella, la temperatura en su superficie es muy superior a lo que es aceptable para los humanos.
. La composición interna sigue siendo un misterio, pero dados su tamaño y su masa, no puede tratarse de un gigante gaseosos como Júpiter. Es probable es que esté compuesto en su mayoría de rocas, pero también, algunos científicos t consideran la posibilidad de que sea un planeta oceánico, un tipo de planeta cuya existencia todavía no se ha probado. Teóricamente, este tipo de planetas estarían inicialmente cubiertos parcialmente de hielo y posteriormente se irían acercando a su estrella, lo que derretiría el hielo y cubriría el planeta de líquido.
Queda un poco lejos, por ahora creo que no va a ser posible darse una vueltita por allí, ni tomándose el 60…pero tal vez, si lo encuentro al comandante Kirk…

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Sacame el atículo....las leyes que atentan….y tientan!!!

Si el artículo 161, de La ley de medios que obliga a los multimedios a desprenderse de medios o licencias que no se enmarquen en la nueva ley en un año, “viola el derecho a la propiedad privada”

Qué podemos decir de
La Ley 13.010, de 1947. que obliga a las mujeres a emitir un voto para las elecciones nacionales, provinciales, y locales, y viola el derecho exclusivo de los hombres a ser los únicos sufragantes, de acuerdo a la Ley Sáenz Peña , de 1.912

La LEY N° 26.206 , de Educación Nacional, que establece la obligatoriedad escolar en todo el país desde la edad de cinco (5) años hasta la finalización del nivel de la Educación Secundaria., viola el derecho a la ignorancia, el ocio y el analfabetismo de los menores.

La Ley 23.515 , de 1987 que reglamenta el divorcio vincular, viola ostensiblemente la sesión segunda del libro primero del Código Civil, que obliga a los cónyuges a soportarse por el resto de sus vidas , aunque sea en los papeles.

La convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación sobre la mujer, que viola el derecho de los hombres de hacer distinciones, excluírlas, restringir su acción basadandose en el sexo, y teniendo por objeto o por resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio por la mujer, independientemente de su estado civil,

La Declaración de los derechos del niño, que viola el derecho de los adultos a cagar a patadas a sus hijos


Las normas internacionales del trabajo de la OIT, que viola el derecho de los patrones a pagar sueldos miserables, en negro, a tener jornadas de 18 horas….

No, si así vivimos en el viva la pepa….Ah, está despenalizada?

lunes, 21 de septiembre de 2009

La nueva Alejandría....



“Cuarenta mil libros ardieron en Alejandría: que este hermosísimo testimonio
de la magnificencia de los reyes lo alabe otro, como Tito Livio, que dice que fué una obra egregia de la elegancia y diligencia de los reyes. Pero no fué
ni buen gusto ni diligencia, sino una estudiosa demasía, o mejor dicho, no fué estudiosa porque los reunieron para los estudios, sino para sola vista,
como para muchos que ignoran hasta las primeras letras, los libros no son instrumentos de estudios, sino ornatos de los comedores. Reúnanse, pues, los
libros que sean suficientes y ninguno por ostentación.”
( De la tranquilidad del ánimo. Séneca)



“Hola, tenés tiempo para venir a tomar un café? Tengo algunos libros que quiero regalarte…”
Esas simples palabras me hicieron caer el tubo. Su biblioteca era una delicia. Podía pasar horas mirando sólo las tapas, piezas únicas, incunables, primeras versiones…Ahí estaba todo. Todo lo escrito que uno imaginara habitaba esos estantes. Varias generaciones de lectores habían ido aumentando y completando esas paredes, que sólo se podían intuír detrás de tantos relatos, historias, poemas, …
Toqué el timbre y sentía el corazón bailando una chacarera….Abrió la puerta, despacio, de a poco, pero eso no evitó el aullido que subió desde el piso y se trepó por las piernas y me rasguñó la cara. Hipatia estaba como loca. Siempre fue una gata rara, subida a los estantes, custodiando el tesoro, al que sólo permitía acercarse después de un rato de charla y franela en el lomo, pero nunca la ví así.
-Está muy nerviosa, no se adapta,…te lastimó?
-Qué le pas…………..NOOOOOOO! QUE PASO?
Quedé dura. Sentí el vértigo de la pared en blanco. Paredes, sólo tres paredes blancas, con algunos cuadros, usurpando el espacio de la biblioteca.
-Me cansé, doné todo, hay otros que quieren leer y no pueden, estoy viejo, no tengo a nadie, cuando me vaya van a hacer mierda todo, así que doné toda la bilioteca, regalé algunos libros, acá separé algunos para vos…
No me podía mover. No entendía. Lo único que sí entendía era la reacción de la pobre gata…Cómo no enloquecer con semejante herejía!!!!
-No te asustes, tengo varios libros scaneados, guardados en la compu…..además, encontrás lo que querés con la compu,… podés encontrar libros que no sabías que existen, distintas versiones, en el idioma que quieras…los libros como objeto ya no tienen razón de ser…tampoco los discos, toda la música está en el espacio virtual...es sonido puro...
-Pero no es lo mismo! Además, cómo sabés que no está cambiado? Cómo sabés que ése es el libro que se escribió y no uno modificado? A mí me da la sensación que los libros digitales nos van a modificar la historia….que van a ir modificando, de a poco, todos los libros que están escritos, y nos van a terminar contando la historia cambiada…
-JAAAAAAAA! Qué interesante! Una visión conspirativa a nivel virtual y global! Y cuál es la Verdadera historia? Si cada historiador contó lo que le interesaba, usó los documentos que quiso, y siempre, siempre hubo costados que ignoró, o que descartó…..No, no hay riesgos, ahora tenemos más posibilidades de encontrar, de saber que antes…
-Y cómo buscás si no sabés que existe?, si no lo viste en ningún estante, si no está citado?
-Ah, ese es el principio del problema…..

miércoles, 16 de septiembre de 2009

La Armada Brancaleone contra los Cuatro Jinetes del Apocalipsis


Durante tres días que conmoverán al mundo, pasarán por la Legislatura Porteña y dejarán su palabra para que resuenen por años en los pasillos, funcionarios porteños y diputados de Unión-PRO (Pancho De Narváez included), la dirigente de la CC (Copa de cabernet) Patricia Bullrich, los ¿periodistas? Mariano Grondona y Carlos Pagni, el director del Programa Cuba de la Pan American Development Foundation de Estados Unidos, Marc Wachtenheim, y los economistas PRO Rogelio Frigerio, Carlos Melconian y Federico Sturzenegger en el encuentro denominado “Neoliberalismo volvé, te extrañamos….dale, tontito….volvé” organizado por la Fundación Libertad de Rosario y la FAES, la ONG de Aznar.
El anfitrión de luxe: Mauricio Macri. Como cierre relámpago y después de los vinos, los comensales escucharán como lavativa la disertación del ex presidente de España, el Generalísimo Aznar intitulada: “Los cuatro jinetes del apocalipsis: populismo, indigenismo, neoestatismo, militarismo”.
Che, no, no es joda, es de verdad ésto.
Qué Buenísima está Buenosaires!!!!

lunes, 14 de septiembre de 2009

Sobreactuaciones.


(La Madre - Vsevolod Pudovkin (1926))

Que la ley de medios es un hecho importantísimo, no me cabe duda. Que hay que estar, poner el cuerpo, bancar hasta que se sancione, tampoco. Pero por estos días, me asustan ciertas sobreactuaciones, ciertas expresiones desaforadas, no ya desde la vereda de la oscuridad, es decir, desde los opositores a la ley, que francamente ya suenan absurdas y rozan la delincuencia intelectual..
Lo que me preocupa, son las expresiones de éste lado, de quienes la defendemos, la consideramos necesaria, ya, aquí y ahora.

He leído y escuchado la expresión “Esta es la madre de todas las luchas” A la mierrrda! Si esta es la madre de todas las luchas, para los sectores progresistas, digamos (con perdón de la palabra) qué queda para la reforma agraria? Con esta ley no se modifican las relaciones de producción, ni la educación, ni la salud, ni siquiera se relaciona con el mayor bienestar de los jubilados, o el mejoramiento de las condiciones laborales de todos los trabajadores.
Esta ley, primero es una ley, es decir, un marco regulatorio,… letra muerta que después habrá que reglamentar, e implementar. (Hay tantas leyes sancionadas que jamás se han implementado!) Pero aceptando la importancia de la sanción de la ley, el enfermizo debate por cada uno de los términos, artículos y cláusulas es agotador. Una vez sancionada, cualquier ley puede ser posteriormente y parcialmente modificada.
Aquí la cosa es: o queremos modificar el statu quo, la organización y posesión monopólica de los medios, la falta de pluralidad en las voces e imágenes, y en última instancia, modificamos la vergonzante vigencia de una ley de la dictadura, o abrimos el juego e intentamos…eso, intentamos, porque nada garantiza que realmente se democratice el discurso, que el tercio de las voces de las organizaciones intermedias exprese un contradiscurso (y no un discurso alternativo), que se construyan productos de calidad, que la programación invite a la reflexión, al diálogo, al aprendizaje…. Intentamos, pero tambien tenemos que exigir, que dentro de las nuevas condiciones abiertas por este marco regulatorio, se haga algo distinto, creativo, democratizador, con contenido… A Tinelli no lo vemos cuántos? Cuántos somos los que no nos tragamos el verso de TN, canal 13, y todos los satélites , que peleamos con la pantalla, o directamente apagamos la tele o la radio?Sólo se modifica con la ley esta situación?
Por supuesto que tener medios democráticamente administrados, con discursos múltiples, ayuda, pero no sólo con eso…

Por otro lado, también me preocupa la batalla por la palabrita, por el nombre. Otra pelea por el chiquitaje.
También he leído y visto pequeños entredichos por llamar correctamente a la ley: “Se llama Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual” Ahá….”Llamarla por su nombre es apropiarse de su contenido, quien nombra, en cierta medida domina….” Ahá….
Se me ocurría hacer la analogía con un supuesto proyecto por la despenalización del aborto. Pensaba: si le ponen la ley de la interrupción quirúrgica de un embarazo riesgoso o no deseado, por ejemplo….eso significa que no tenemos que hablar más del aborto? Que cualquier mujer que vaya al hospital va a pedir turno para hacerse una interrupción quirúrgica de un embarazo riesgoso o no deseado? (tache lo que no corresponde, dirá en el formulario)
No es desarraigar, deshistorizar una lucha, un reclamos de 25 años? Cuando en los 80, por ejemplo, se reclamaba, se organizaban reuniones, charlas, jornadas, se escribía y discutía por la ley de radiodifusión, qué se hacía, no estábamos hablando de esto mismo? Todas las discusiones de los últimos años, que no se hacían por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, sino a lo sumo, por una ley de medios, no cuentan? Porque si aceptamos que ese es el nombre, y dejamos de lado otras formas de nombrar lo mismo, rechazamos también esa historia, la de la Coalicón, la de los 21 puntos….Es decir, le volvemos a hacer el juego al enemigo, aceptando con ellos que esto es una cosa improvisada, a las apuradas…”no ves, si ni siquiera se ponen de acuerdo en cómo nombrarlo!!!!” Esta es una ley que se viene gestando desde mucho tiempo atrás, tiene antecedentes, tiene discusiones, tiene propuestas que datan de tres décadas atrás. No hay improvisaciones, no hay caprichos. Hay necesidades. Es importantísimo que se sancione, pero teniendo en cuenta el lugar que ocupa. No es la madre, tal vez la tía o la prima de algunas luchas. No sobreactuemos, no escupamos al cielo….

domingo, 13 de septiembre de 2009

De la cabeza...



Teniendo en cuenta las ilustraciones del post anterior, y la invitación que recibí hace unos días:
Museo de Atre Hispanoamericano Fernandez Blanco: Suipacha 1422
Horario: martes a viernes de 14 a 19 hs. Sábados, domingos y feriados de 11 a 19 hs. Entrada general $1. Jueves gratis.
Guido Boggiani, una aventura del siglo XIX
Curadores: Leila Makarius / Patricio López Méndez / Gustavo Tudisco.
Sede: Palacio Noel.
Fotografías sobre los indios chamacocos y caduceos del Gran Chaco realizadas por el artista Guido Boggiani a fines del siglo XIX.
Colección Museo Isaac Fernández Blanco.
Inauguración: viernes 28 de agosto a las 19.30 hs.Hasta el 27 de septiembre.
Entre los meses de octubre y diciembre de 2002 el Museo de Arte Hispanoamericano y la Embajada de la República Checa en la Argentina, bajo la coordinacion de Leila Makarius, presentaban por primera vez en Sudamérica esta selección de fotografias de Guido Boggiani rescatadas por los curadores Pavel Fric e Yvonna Fricova. La generosidad de los mencionados curadores hizo posible que dos años más tarde se formalizara la donación a nuestro Museo de tan importante acervo fotográfico consistente en imágenes sobre los indios chamacocos y caduceos del Gran Chaco realizadas por el artista a fines del siglo XIX.
Guido Boggiani (1861-1901), nació en la localidad Omegna de la Provincia de Novara, al norte de Italia. Artista plástico, músico, etnógrafo, lingüista, comerciante, fotógrafo, sin duda se destaca dentro del nutrido grupo de viajeros europeos y estadounidenses que recorrieron Sudamérica a finales del siglo XIX. Muchos de ellos se interesaron, desde una óptica exotista, en el interior del continente y en su importante numero de "salvajes" viviendo en "estado natural". La obra fotográfica de Guido Boggiani, principalmente dedicada a las tribus Caduveo y Chamacoco, en las zonas del Gran Chaco y el Matto Grosso, se diferencia de esa visión porque conjuga el interés científico-etnográ fico con la sensibilidad, la intuición artística y el compromiso con aquellos "otros", quienes, a través de su lente, se humanizan en un verdadero encuentro de identidades y culturas.

(y sobre lo que tangencialmente había hablado en este post) sumado al intento, en las últimas semanas por comunicarme con esta señora, voy a contar una conversación que tuve con ella hace casi un año:
Una tarde casi noche, y apunto de rajar después de un día de trabajo, suena el teléfono en la oficina. Atendí con poca gana, ya que sé que quienes llaman a esa hora, suelen comunicar problemas…El llamado era de una mujer muy mayor, que quería comunicar la pronta conferencia que daría sobre sus trabajos en Casabindo. Tomo nota del día y el lugar, con voz metálica como edulcorante antiguo, y empieza una de las conversaciones más exóticas de los últimos tiempos. La mujer empieza reclamando que nunca va nadie a sus conferencias, que nadie se para entre el público para decirle que es de la misma facultad en la que ella dio tantos años clase, que siente que está sola…Balbuceo entonces que jamás recibimos alguna información sobre sus conferencias, pero ella quiere reclamar, y la escucho. Me cuenta que se recibió de Doctora en Filosofía y Letras (así, completito era el título por aquellos años)en 1945, que tuvo como profesores a Ricardo Rojas, a Borges, y a Raúl Cortazar, que hizo mucho trabajo de campo en Casabindo, pero que su especialidad son los indios del Amazonas. Vivió 8 años en las 7 naciones jíbaras… Sola, en medio del Amazonas, con menos de 30 años, y con los jíbaros! Me cuenta también que los jíbaros son gente muy amable, muy trabajadora, que la trataron como a una reina, que aprendió muchísimo con ellos…y se destapa con: "Sí, se dicen muchas cosas de ellos, eso de que reducen cabezas….es cierto, lo hacen….pero sabe una cosa? Muchos se lo merecían!!!" En ese momento no pude contener la risa, y ella también se reía, mientras me confesaba: "cuando terminé mi trabajo, en el momento de la despedida, hicieron una ceremonia y me regalaron una cabeza…... de un antropólogo!" Y no paraba de reírse… La charla siguió por un rato largo, quedamos en vernos, tomé todos sus datos, hablamos un par de veces por teléfono y quiero entrevistarla. Hay que ser muy mujer para pasarse, en ese momento (pensemos que en Argentina, no hubo voto femenino hasta una década más tarde) tanto tiempo sola, y tener la claridad que tiene, aún hoy, para contar algunas cosas….Estoy tratando de ubicarla, para visitarla, charlar extensamente con ella, que me cuente, y que me preste, aunque sea un ratito, esa cabeza! Espero encontrarla. A veces, no nos damos cuenta que el tiempo pasa, y que no siempre van a estar ahí las personas con las que queremos conversar….

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Qué chucho, Manucho!



<<…Entonces le descarga un golpe en la nuca, los sesos saltan y en seguida las mujeres toman el cuerpo, lo arrastran hacia el fuego, lo raspan hasta quedar bien blanco y le meten un palito por atrás para que nada se le escape. Cuando ya está desollado, un hombre le toma y le corta las piernas por encima de las rodillas y también los brazos. Vienen entonces las mujeres, toman los cuatro pedazos y corren alrededor de las cabañas, haciendo gran gritería. Después le abren los costados; separan el espaldar de la parte delantera y lo reparten entre sí; pero las mujeres guardan los intestinos, los hierven y del caldo hacen una sopa que se llama Mingau, que ellas y los chicos beben. Comen los intestinos y también la carne de la cabeza; los sesos, la lengua y lo demás que tengan son para las criaturas. Cuando todo está acabado vuelve cada uno a su casa y lleva la parte consigo. >>

Según el grupo Clarín , esto es lo que sucederá con todos y cada uno de los trabajadores actuales, los que miran, los que intuyen, los que suspiran por cualquiera de los medios de comunicación privados (¿o medios privados de comunicación?), incluyendo canales de aire, de cable, radio ,cine, blogs, listas de correo, contactos de Chat y muchas, muchísimas cosas más que uno ni se imagina, pero están, eh? Y hasta ahora son libres de toda libertad, si se llega a aprobar la ley “franquista”, “fascista” y “chavista”

Ni los pajes de Clarín ni los representantes de la oposición están dispuestos a participar o asistir a las audiencias públicas, no debaten con kanibales, sólo están para impedir el paso, obstaculizar, y mentir, pero esto es éticamente superior, claro...de la misma manera que es éticamente superior una ley de la dictadura militar, antes que una ley consensuada en democracia....

Aquí un artículo (de los cientos que se están escribiendo) tratando de responder a las chicanas y lugares comunes que circulan más que las monedas (de vuelta hay problemas con las monedas, che!)

Texto y grabado: Hans Staden. Verdadera Historia y Descripción de un País de Salvajes Desnudos

lunes, 7 de septiembre de 2009

Pérdidas (y sí, siguiendo con la crisis, y la tensión entre lo general y lo particular....)

Bueh, ayer perdiste el celular. Otra vez.
Pero esta es distinta, hacía año y medio que tenías ese celular, todo un récord de pemanencia de un mismo aparato en tus manos. Sí, ya sé, estas enojada. No sólo los números. (Te dije que los pasaras a una agenda!) Bueno. También mensajes acumulados. Año y medio de mensajes, algunos, esos que no quisiste borrar. Sí, sé que hace dos meses te mudaste, que dejaste atrás un montón de cosas, mucha movida, muchos recuerdos...y bueh, ahora ni mensajes del pasado. Y sí, suéltame pasado! Ta. Sé que no es fácil. Transitás semanas complicadas, decisivas (otras semanas complicadas y decisivas, y van....) Y sí, encima estas ahí, a pasos de cumplir taicinco...TAICINCO! Chau, fuiste, nena. (que ya no sos).
Por si fuera poco, te inauguraste oficialmente de suegra. Eso que empezó de a poquito, con el zángano ese viniendo los sábados, a buscar a tu nena, y que se fue quedando más tiempo cada vez, ahora resulta una ocupación efectiva del fin de semana completo y los tenés a los dos (nena y zángano) desde el viernes al domingo a la noche. Y no tenés mejor idea que invitarlos a comer . Querías quedarte tranquila ese sábado, y cuando llegó la dulce parejita, abriste la bocota y les preguntaste si no querían ir a Güerrín. Cómo no se te ocurrió encerrarte en el balcón, por ejemplo, pero del otro lado de la reja? Chau. Sos oficialmente suegra.
Y el bebé! No, intolerable. Tu pequeño que fue de traje al primer cumpleaños de quince de su compañera...te saca una cabeza, se afeita, y tiene esa voz que parece un erke mezclado con flautín....Listo, ya está, de ahora en más, trabajos pasivos. Basta de saltos de tigre. A tejer crochet, cuidado con la osteopoosis....A empezar a buscar un club de yoga, y un curso de algo para adultos mayores.
Sabés qué? No importa, No importa nada, decíle a esa perra juventud que se vaya, que estás en una etapa superior que entras definitiva y absolutamente en la madurez, Decile, como decía El Canario: Adiós Juventuuuuuuuuu. No, mejor cantale, como cantaba don Alfredo, con esa mezcla de calentura y desprecio, Si te vas.... Pa que tenga, no más....


Si te vas

(Alfredo Zitarrosa)

Si te vas,
te irás sólo una vez,
para mí habrás muerto,
yo te pido que me lo hagas saber,
quiero estar despierto.
Porque si te vas
yo quiero creer
que nunca vas a volver;
dímelo y será
mucho menos cruel,
yo siempre supe perder.

Si te vas,
quiero verte partir,
saber que te has ido,
sin adioses el amar y el morir,
nunca son olvido.
Pájaro tu pie,
viento mi querer,
yo te puedo comprender,
sin saber por qué
no te podrás ir,
yo te quiero despedir.

Y no será por eso
que estemos separados,
aunque no te marcharas
lo nuestro está terminado.
Pero si te vas,
yo quiero creer
que nunca vas a volver.

Si te vas,
con amor o sin él,
debes irte ahora,*
tus nostalgias y tus fugas de ayer,
ya no me enamoran.
Mírate vivir
sangre de gorrión,
te ha faltado corazón.
Yo bien puedo ser,
si te quieres ir,
el que te ayude a partir.

Si te vas,
no te vayas así,
llévate tu vida,
si no puedes olvidarme y partir
volarás herida.
Vete sin dolor,
debes comprender
que soy el mismo de ayer.
No hay mejor amor
que el que ya pasó,
se siente al decir adiós.


(1961)



C (de Crisis)

Eric Hobsbawm ·

Existe una diferencia fundamental entre las tradicionales preguntas académicas sobre el pasado -“¿Qué ocurrió en la historia, cuándo y por qué?”- y la cuestión que en los últimos cuarenta años ha animado un cuerpo creciente de investigación histórica, concretamente, “¿Cómo lo siente o sentía la gente?” Las primeras sociedades para la investigación de la historia oral fueron fundadas a finales de los sesenta. Desde entonces el número de instituciones y obras dedicadas al “legado” y a la memoria histórica -especialmente sobre las guerras del siglo XX- han crecido de manera espectacular. Los estudios sobre la memoria histórica no son, esencialmente, estudios sobre el pasado, sino sobre la retrospectiva hacia el mismo desde algún tipo de presente posterior. The Morbid Age: Britain between the Wars, de Richard Overy, muestra otro acercamiento, más indirecto, a la textura emocional del pasado: la compleja arqueología de las reacciones populares contemporáneas sobre lo que estuvo sucediendo en y alrededor de sus vidas, lo que uno llamaría la música ambiental de la historia.

Aunque este tipo de investigación resulta fascinante, especialmente cuando se realiza con la curiosidad y sorprendente erudición de Overy, presenta al historiador problemas considerables. ¿Qué significa describir una emoción como característica de un país o de una época? ¿Cuál es el significado de una emoción generalizada, incluso de una directamente relacionada con hechos históricos dramáticos? ¿Cómo y hasta qué punto podemos medir su predominio? Las encuestas, el mecanismo actual para estas mediciones, no estuvieron disponibles antes de 1938 aproximadamente. En aquellos casos, tales emociones -el rechazo ampliamente extendido hacia los judíos en Occidente, por ejemplo- no eran obviamente sentidas ni generaban las mismas reacciones en, pongamos por caso, Adolf Hitler y Virginia Woolf. Las emociones en la historia no son ni cronológicamente estables ni socialmente homogéneas, incluso en los momentos en que son universalmente sentidas, como en el Londres bajo los ataques aéreos alemanes, y sus interpretaciones intelectuales todavía menos. ¿Cómo pueden compararse o contrastarse? En pocas palabras, ¿qué pueden hacer los historiadores en este nuevo campo?

El sentimiento en concreto que Overy estudia es el de crisis y miedo, “el presentimiento de un desastre inminente”, la posibilidad del fin de la civilización que, desde su punto de vista, caracterizó al Reino Unido de entreguerras. No hay nada específicamente británico o propio del siglo XX en ese sentimiento. Es más, en el último milenio sería difícil señalar una época, al menos en el mundo cristiano, donde este sentimiento no haya encontrado una expresión significativa, a menudo en el idioma apocalíptico construido para ese mismo objetivo y explorado en las obras de Norman Cohn. (Aldous Huxley, citado por Overy, ve la “mano de Belial guiando” la historia moderna.). Hay buenas razones en la historia europea por las cuales que “nosotros” -se cual sea su definición- nos sintamos bajo la amenaza de enemigos extranjeros o nuestros demonios interiores no sea algo excepcional.

La obra pionera de este género, la historia del miedo en Europa occidental del siglo XIV al XVIII de Jean Delumeau, Le Peur en Occident (1978), describe y analiza una civilización “enferma hasta la médula” con un “paisaje de miedo” poblado de “fantasías mórbidas”, peligros y miedos escatológicos. El problema de Overy es que, a diferencia de Delumeau, no ve estos miedos como reacciones a experiencias y peligros reales, al menos en el Reino Unido, donde, por consenso general, ni la política ni la sociedad se habían desplomado, y la civilización no se encontraba en crisis durante el período de entreguerras. ¿Por qué, entonces, es un “período famoso por su población de Casandras y Jeremías que ayudaron a construir la imagen popular de los años de entreguerras como una época de ansiedad, dudas o miedo”?

Con saber, lucidez e ingenio, de manera notable en su brillante selección de citas, The Morbid Age desentraña las diferentes tendencias de expectativas catastróficas -la muerte del capitalismo, los miedos a un declive demográfico y corrupción, “el psicoanálisis y la consternación social”, el miedo a una guerra- principalmente a través de escritos públicos y privados de a quienes Delumeau, que hizo lo mismo en su respectivo período de estudio, llamó “los que tenían la palabra y el poder”: en su día los clérigos intelectuales, en los de Overy una selección de intelectuales burgueses y miembros representativos de la clase política. Los intentos por escapar de los desastres anticipados por el pacifismo y lo que el autor denomina “política utópica” son vistos sobre todo como un cuadro sintomático de una epidemia de pesimismo.

Concédasenos por un momento que Overy está en lo cierto en cuanto al pesimismo de quienes “tenían la palabra y el poder”, a pesar de algunas obvias excepciones, como los investigadores que conocían, con Ernest Rutherford, que estaban viviendo en los días gloriosos de las ciencias naturales; los ingenierons que no veían límites en el futuro progreso de las viejas y nuevas tecnologías; los oficiales y empresarios de un imperio que había alcanzado su máxima extensión en el período de entreguerras y que se veía aún bajo control (excepto por el estado libre irlandés); los escritores y lectores del género de entreguerras por antonomasia, la novela de detectives, que celebraban un mundo de certezas morales y sociales, de estabilidad restaurada después de una interrupción temporal. La pregunta, obviamente, es ¿hasta qué punto las opiniones de la minoría articulada presentada por Overy representaron o influenciaron a los aproximadamente 30 millones de votantes que constituían los súbditos del rey en 1931?

En la Europa tardomedieval y de la primera modernidad de Delumeau, la pregunta podía responderse con alguna confianza. En el Occidente cristiano de este período había vínculos orgánicos entre el pensamiento de los sacerdotes y predicadores y lo que los creyentes practicaban, aunque podamos verlos como incongruentes. El clero católico romano tenía tanto autoridad intelectual como práctica. ¿Pero qué influencia o efectos prácticos tuvieron en el período de entreguerras las palabras -por citar solamente a algunos de los escritores que tienen más de dos líneas en el índice de Overy- de la Sociedad Eugénica de Charles Blacker, de Vera Brittain Vera Brittain, Cyril Burt, G.D.H Cole, Leonard Darwin, G. Lowes Dickinson, E.M. Forster, Edward Glover, J.A. Hobson, Aldous y Julian Huxley, Storm Jameson, Ernest Jones, Sir Arthur Keith, Maynard Keynes, el arzobispo Cosmo Lang, Basil Liddell Hart, Bronislaw Malinowski, Gilbert Murray, Philip Noel-Baker, George Orwell, Lord Arthur Ponsonby, Bertrand Russell, George Bernard Shaw, Arnold Toynbee, los Webbs, H.G. Wells o Leonard y Virginia Woolf?

A menos que estuviesen respaldados por una editorial o periódico de importancia, como lo estuvieron Victor Gollancz o el New Stateman en el caso de Kingsley Amis, o por una organización de masas como la Liga de las Naciones Unidas Lord Robert Cecil o la Peace Pledge Union del pacifista Canon Sheppard, todos ellos tenían la palabra, pero poco más. Como cuando en el siglo XIX habían tenido una buena oportunidad de hablar sobre ello e influir en la política y la administración desde el enclaustramiento de una élite establecida, perteneciendo a ella por origen o siendo reconocidos por ella, especialmente si pertenecían a las redes de la “aristocracia intelectual” de Noel Annan, como muchos de estos pregoneros del juicio final. ¿Pero hasta qué punto sus ideas modelaron a la “opinión pública” que estaba más allá del alcance de los escritores y lectores de las cartas al editor del Times y del New Statesman?

Hay muy pocas pruebas en la cultura y el modo de vida de las clases trabajadores y de las clases medias-bajas del período de entreguerras -que este libro no investiga- de que la tuvieran. Gracie Fields, George Formby y Bud Flanagan no vivieron esperando que la sociedad se viniera abajo, ni tampoco el teatro del West End. Lejos de mostrar morbosidad, la clase obrera de la juventud Richard Hoggart (y también de la mía) consistía sobre todo de gente que “sentía que no podía hacer gran cosa con las características fundamentales de su situación, pero no lo sentía necesariamente con desesperación o rechazo o resentimiento, sino simplemente como un hecho en sus vidas.” Es cierto, como muestra Overy, que el drástico crecimiento de los medios de comunicación de masas permitió que las “ideas principales” de estos pensadores mórbidos fuesen ampliamente propagadas. Sin embargo, la melancolía intelectual que se desplegaba no era el objeto de las omnipresentes películas o siquiera de los periódicos de circulación masiva, que llegaban a tener una circulación de dos millones de ejemplares o más a principios de los treinta, aunque la BBC radio, prácticamente universalmente disponible a mediados de los 30, concedió al portavoz de la catástrofe una pequeña fracción -uno hubiera deseado que Overy hiciese una estimación- de su cómputo total de horas, que era enorme. No es baladí que el Listener, que reimprimía los debates y charlas radiofónicas, tuviera una circulación de 52.000 ejemplares en 1935, contra los 2'4 millones del Radio Times.

El libro, que experimentó una revolución en la década de los treinta con Penguin y Gollancz, fue prácticamente, sin ninguna duda, la más efectiva forma de difusión intelectual: no sólo para la clase trabajadora para la cual la palabra “libro” aún significaba “revista”, sino también para la vieja clase educada y el rápido y creciente cuerpo de autodidactas políticamente conscientes y con aspiraciones políticas. Incluso entre éstos, como las notas a pie de página de Overy muestran, las circulaciones de más de 50.000 -el orden de la magnitud del Left Book Club lo sitúa por encima del nivel actual para un bestseller- eran poco frecuentes, excepto en los tensos meses de preguerra de 1938-39. Las admirables investigaciones de Overy sobre los registros de los editores muestran que la novela sobre la Depresión de Walter Greenwood, Love on the Dole [Amor en el paro] (“pocos productos culturales de la Depresión llegaron a tanto público”) vendió 46.290 copias entre 1933 y 1940. El potencial de lectura de libros en 1931 (sumando los censos de las categorías de “trabajadores profesionales y semi-profesionales” y “trabajadores de cuello blanco y similares”) fue de cerca de dos millones y medio, de los prácticamente 30 millones de electores británicos.

Es generalmente admitido que “las tesis de algún pensador difunto (o vivo)” (por adaptar la frase de Keynes) no se difunden por estos medios convencionales, sino por una suerte de ósmosis por la que unos pocos conceptos radicales, reducidos y simplificados, como ”la supervivencia de los más aptos”, “capitalismo”, “complejo de inferioridad”, “el inconsciente”, entran de algún modo en el discurso público o privado como monedas de cambio. Incluso con un criterio tan relajado, muchas de las predicciones fatídicas de Overy apenas fueron más allá del círculo de intelectuales, activistas y de quienes tomaban las decisiones políticas, especialmente en el caso de los demógrafos y su miedo a un desplome de la población (que se demostró falso) y lo que ahora se contempla como planes siniestros de los eugenistas para eliminar a quienes entonces se definía como genéticamente inferiores. Marie Stopes se hizo famosa en Gran Bretaña no como defensora de la esterilización de los subnormales, sino como pionera del control de natalidad, algo que en aquella época llegó a ser reconocido entre las masas británicas como una incorporación útil a la práctica tradicional del coitus interruptus.

Sólo donde la opinión pública espontáneamente compartía los miedos y reacciones de los intelectuales de la élite podían sus escritos servir como expresiones del sentir general británico. Casi con toda seguridad coincidían en el problema del envejecimiento, en el miedo a la guerra; probablemente también en algunas formas que tomó la crisis de la economía (británica). Con respecto a estas cuestiones los británicos no experimentaron, como sugiere Overy, los aprietos del período de entreguerras como de trasmano. Como los franceses, vivieron con los sombríos recuerdos de los asesinatos masivos de la Gran Guerra y (acaso incluso de manera más efectiva), las pruebas vivientes andaban por las calles, sus supervivientes mutilados y desfigurados. Los británicos fueron realistas en sus miedos a otra guerra. Especialmente a partir de 1933, la sombra de una guerra se extendía sobre sus vidas, en la de las mujeres (sobre cuya participación en la Gran Bretaña del período de entreguerras este libro guarda silencio) acaso incluso más que en la de los hombres.

En la admirable segunda parte de su libro, Overy, que se ganó su merecida reputación como historiador de la Segunda Guerra Mundial, describe brillantemente el sentimiento de una catástrofe inminente inevitable en los treinta, que iba a dominar la llamada al pacifismo. Pero lo hizo precisamente porque no se trataba de un sentimiento de desesperanza, comparable al expresado y que recorrió toda la población con el del informe secreto del gobierno sobre una guerra nuclear en 1955 citado por Peter Hennessy (“si este país podría resistir un ataque general y aún estar en un situación de responder a las hostilidades es algo que debería cuestionarse seriamente.”) Esperar morir en la próxima guerra, como mis contemporáneos esperaban no sin razón en 1939 -Overy cita mis propias memorias en este punto- no nos detuvo a la hora de pensar que aquella guerra había de lucharse, había de ganarse y que podía llevar a una sociedad mejor.

Las reacciones británicas a la crisis del período de entreguerras que sufrió la economía británica fueron más complejas, pero el argumento aquí de que el capitalismo británico tenía menos razones para causar alarma es, con toda seguridad, erróneo. En la década de los veinte los británicos parecían tener razones más obvias para preocuparse por el futuro de su economía que el resto de europeos. Prácticamente ella sola en el mundo, la producción manufacturera en el Reino Unido, incluso en su momento álgido en la década de los veinte, cuando la producción mundial estaba por encima de un 50% de lo que había sido antes de la guerra, permaneció por debajo del nivel de 1913, y su tasa de desempleo, mucho más alta que la de Alemania y los Estados Unidos, nunca descendió del 10%. Poco sorprendentemente, la Gran Depresión golpeó a otros países más fuerte que a la ya renqueante Gran Bretaña, pero vale la pena recordar que el impacto de 1929 fue tan dramático como para hacer que el Reino Unido abandonase los dos pilares teológicos de su identidad económica del siglo XIX, el libre comercio y el patrón oro, en 1931. La mayoría de las citas de Overy sobre una catástrofe económica proceden de antes de 1934.

Ciertamente, la crisis produjo un acuerdo entre las clases articuladas como el sistema no pudo llevar a cabo antes, ya fuese por los defectos básicos del capitalismo o por el “fin del laissez-faire” anunciado por Keynes en 1926, pero las discusiones para la futura forma de la economía, ya fuese socialista o gobernada por un capitalismo reformado, más intervencionista y “planeado”, estuvieron estrictamente confinadas a minorías: las primeras al hasta medio millón que se movía en y alrededor del movimiento obrero, la segunda probablemente a unos cuantos cientos de lo que Gramsci hubiera llamado “intelectuales orgánicos” de la clase dominante británica. Sin embargo, nuestra memoria sugiere que Overy está en lo correcto al pensar que la reacción más extendida a los problemas de la economía entre los súbditos del rey que no escribían, fuera de las nuevas zonas deprimidas de las viejas regiones industriales, no era tanto el sentimiento de que “el capitalismo no había funcionado, sino de que no debería haberlo hecho del modo en que lo hizo.” Y en la medida en que el “socialismo” fue más allá de los activistas y hasta el 29% de los votantes británicos que votó por el Partido Laborista en el pináculo de su éxito durante el período de entreguerras, se debió más al resultado de un rechazo moral del capitalismo que a una imagen concreta de la sociedad futura.

Pero tampoco la creencia en el socialismo o en un capitalismo planificado implica morbosidad, desesperación o un sentimiento apocalíptico. Ambos, de modos diferentes, asumieron que la crisis podía y debía ser superada, animados por lo que parecía ser una extraordinaria inmunidad a la Gran Depresión de los planes quinquenales soviéticos, los cuales, en la década de los 30, observa apropiadamente Overy, convirtieron las palabras “plan” y “planificación” en el “ábrete Sésamo” incluso de los pensadores no socialistas. No hay ninguna duda de que el grueso de los socialistas fue más utópico en sus creencias que los reformistas pragmáticos, y más vagos en sus prescripciones, que no iban más lejos de la nacionalización de todas las industrias. Pero ambos miraron más lejos para un futuro mejor o al menos más viable. Sólo la recalcitrante retaguardia de tristes individualistas liberales anteriores a 1914 no veía ninguna esperanza. Para el gran gurú de la London School of Economics, Friedrich von Hayek, quien no aparece en este libro, tanto las recetas socialistas y keynesianas para el futuro eran los adoquines de un predecible “camino a la servidumbre”.

Esto no debería de sorprendernos. Muchos europeos tuvieron la experiencia del Armageddón en la Gran Guerra. El miedo a otra y con toda probabilidad más terrible guerra fue aún más real ya que la Gran Guerra había dado a Europa una serie de símbolos inductores de miedo que no tenían precedentes: los bombardeos aéreos, el tanque, la máscara antigás. Allí donde el pasado o el presente no proporcionaban ninguna comparación adecuada, muchas personas se vieron inclinadas a olvidar o subestimar los riesgos del futuro, no importa lo insistente que fuera la retórica que los rodeaba. Que muchos judíos que permanecieron en Alemania tras 1933 tomasen la precaución de enviar a sus hijos al extranjero muestra que no eran ciegos a los riesgos de vivir bajo el régimen de Hitler, pero lo que de hecho les esperaba era literalmente inconcebible a principios del siglo XX incluso para un pesimista del gueto. Por supuesto que hubo profetas en Pompeya que advirtieron de los peligros de vivir bajo volcanes, pero es dudoso si incluso los pesimistas que había entre ellos esperaban de hecho la devastación total y definitiva de la ciudad.

No hay una única etiqueta para saber cómo los colectivos sociales o incluso los individuos conciben o siente el futuro. En cualquier caso, “apocalipsis”, “caos” o “fin de la civilización”, estando más allá de la experiencia cotidiana en la mayoría de la Europa de entreguerras, no era lo que la mayoría de gente esperaba, incluso cuando vivieron con la incertidumbre por el futuro, en las ruinas de un viejo orden social ya irrecuperable, como muchos lo hicieron después de 1917. Estas cosas son más fácilmente reconocibles retrospectivamente, pues durante los episodios genuinamente apocalípticos de la historia –como, pongamos por caso, Europa central en 1945-46– la mayoría de hombres y mujeres civiles están demasiado ocupados tratando de sostenerse como para clasificar sus aprietos. Esa es la razón, en contra de los ases del poder aéreo, por la que las poblaciones civiles de las grandes ciudades no se amedrentaron bajo las bombas y las tormentas de fuego de la Segunda Guerra Mundial. Fuesen cuales fuesen sus motivaciones, se “sostuvieron” a ellos mismos, y sus ciudades, en ruinas y en llamas, continuaron funcionando porque la vida no se detiene hasta la muerte. Permítasenos no juzgar los indicios del desastre durante el período de entreguerras, incluso cuando terminaron por demostrarse correctos, por los estándares inimaginables de la destrucción y desolación que le siguieron.

El libro de Overy, no por agudo en su observación, e innovador y monumental en su exploración de los archivos, demuestra la necesidad de las sobresimplificaciones de una historia construida sobre sentimientos. Buscar un “sentir” general como tónica de una época no nos lleva a estar más cerca de reconstruir el pasado que el “carácter nacional” o “los valores cristianos / islámicos / confucianos.” Nos cuentan demasiado poco demasiado vagamente. Los historiadores deberían tomarse estos conceptos seriamente, pero no como base para el análisis o la estructura narrativa. Para ser justo con el autor, nunca comete un error. Su objetivo ha sido claramente componer una muestra original de variaciones para competir con los ritmos de otros historiadores profesionales en lo que se asume que es un tema universalmente familiar: la historia del Reino Unido de entreguerras. Pero no es ya más que familiar para los ancianos. Las Variaciones Overy en clave C (de crisis) suponen un logro admirable, aunque se echa en falta cualquier otra comparación seria con la situación en otros países europeos. Puesto que escribe bien, su libro también se convierte justamente en lo que no pretendía: en una guía turística a terra incognita para lectores a quienes el Reino Unido de Jorge V queda tan lejos y resulta tan desconocido como el de Jorge II. Debería leerse con placer intelectual y provecho por su perspicacia y sus descubrimientos de muchas de las partes que permanecían sin explorar de la vida intelectual británica, pero no como una introducción del Reino Unido de entreguerras para el viajero en el tiempo sin experiencia previa.

Copypaste http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2742


Eric Hobsbawm es el decano de la historiografía marxista británica. Uno de sus últimos libros es un volumen de memorias autobiográficas: Años interesantes, Barcelona, Critica, 2003.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Se Supo, Clarín es Flogger



Que te pasa, Clarín Careta, so Flogger, so?
Te la agarrá con el Emo, pero no te la bancá mano a mano en el Abasto, y le mandá un boga a la casa?
Vení, te esperamo en Corrientes y Yan Yoré si so guapo...

martes, 1 de septiembre de 2009

Laura, cuando te veo, me babeo....

Ayer me regalaron bombones.
Mi trabajo, en los últimos cuatro años, consiste básicamente en atajar goles. Bah, los cuatro años anteriores fueron parecidos, pero con menos exposición y riesgo. Debo ser arquero en el zodíaco de la FIFA; ahora que lo pienso!
Atiendo diariamente a vedettes, vedetongas y mucha, pero mucha Zulma Lobato que aparece en pleno ataque de histeria, verdadero enojo, o un simulacro de ambos estados a la vez, exigiendo que SU problema, trastorno, capricho o deseo tenga un tratamiento especial, con intervención de Cascos Blancos de ser factible….También aparece gente copada, tranquila, amable que sólo pasa a saludar o tomar un café, pero con bastante menor frecuencia…
Lo que difícilmente sucede es que alguien me agradezca. No es una queja, eh? el solucionar problemas es mi laburo, y lo asumo así, pero a veces, estaría bueno un mimo….
Y ayer, justamente, fue uno de esos días extraños en los que alguien viene a agradecer. Y fue una mujer a la que conozco y trato superficialmente hace años, quien me trajo bombones. Es una mujer muy distante, siempre. De esas que a todos trata de “usted”, incluso a la gente con la que trabaja diariamente desde hace mucho tiempo. No es agradable, ni simpática, ni guarda huellas de una belleza pasada. Conozco su trayectoria académica, sé de su malhumor cuando tiene algún problema y su infinita insistencia cuando necesita algo.
Me sorprendió verdaderamente que entrara con un paquetito y una sonrisa, me hiciera una seña que esperaba afuera mientras terminaba de hablar por teléfono, y después me entregara la cajita diciéndome que era una “cosita” por mi amabilidad. Es más, agregó que, si no los quería por algún motivo, se los podía dar a “los chicos” y salió.
Rápidamente pensé cuándo podía haberle hablado de mis chicos, o de algo más allá de lo estricta, estrictísimamente laboral...mientras entraba a la oficina de al lado, a comentar lo extraño del suceso. Puede parecer exagerado, pero mi comentario despertó una catarata de nuevos comentarios sorprendidos. (lo dije hace unas líneas, es una mujer muy distante y poco agradable en el trato!), y hasta un chiste y una recomendación muy poco académicamente correctos en cuanto a gustos y opciones...y en medio de tanta palabra, alguien se acuerda que a esa mujer, exactamente, le han escrito algunos de los poemas de amor más hermosos....Y ese “dato” no lo sabía, no figura en su currículum. El ser la compañera hasta la muerte y musa inspiradora no da puntaje en CONICET...
Chapeau, Laura. (sí, es un nombre ése también....) Y ahora entiendo la distancia.... y después de ese amor, de qué gustos se puede hablar....
¿Qué qué hice con los bombones? Repartí algunos en la oficina, algunos con los chicos (nobleza obliga) y después de cenar, me acomodé en mi cama, con lo que quedaba en la cajita, me serví un whisky (que también me regalaron porque estaba de oferta, para el día del amigo!) y volví a leer “La sonrisa vertical”
Ah, el título del post! Es una pavada, un recordatorio del único verso que me dedicaron hace mucho, por si alguna vez me la creo, se me escapa la cadena y empiezo a hablar boludeces...